pillándome los dedos

Hace unas semanas y gracias a una creativa recolocación de días de vacaciones tuve el honor de asistir a la fiesta de cumpleaños de MA, donde corrieron el tequila y los palos, porque alguien tiene que celebrar los 30 por todo lo alto y a MB y a mí ya se nos había ido el momento. Me lo pasé como los indios, con la satisfacción del regalo de última hora terminado con tiempo de sobra y sin recurrir al Corte Inglés, como había sido mi primera opción. No señores, una semana antes del evento decidí que a falta de una hipotética reedición de lujo de la filmografía de Emilio Estévez iba a esforzarme en hacer algo único supliendo el talento que Dios me ha dejado a deber con un montón de amor del bueno por la cumpleañera. Cuando el lunes por la mañana le dije a mi madre que iba a hacerle unos mitones a MA para la fiesta del sábado mi madre me miró con cara de pena e incredulidad. Es muy curioso, porque precisamente mi madre debería conocer mejor que nadie el poder que tiene un plazo apretado; llevo toda mi vida viéndola apurar los días antes de una boda o alguna movida especial para terminar en el último momento algún vestidazo o un abrigo precioso hecho de alas de hadas y cosas así que hace ella. Unos mitones son como una mota de polvo en el ojo de un tiranosaurio comparado con las cosas que mi madre se ha sacado de la manga. Así que el que se pensase que no me iba a dar tiempo me picó todavía más. Los mitones habían pasado de ser “regalo hecho con cariño un poco apretadamente” a “regalo hecho con cariño CON TIEMPO DE SOBRA, JA, BUENA SOY YO”.

Suena más épico de lo que fue en realidad.

Nombre: Assassin’s Mitts
Patrón: Semplice (gratis)
Lana: Garnstudio Drops Baby Merino
Hechos para: MA (viene de Mary Auditore da Firenze, si os lo preguntabais)

Los mitones en sí me llevaron tres días de hacer punto mientras veía la tele después de cenar. Son hiperbásicos y rápidos, aunque con las prisas quedaron un poquito más cortos de lo que me hubiera gustado, pero ahora ya sé hacer mitones practicamente de memoria, que era una de mis máximas aspiraciones en la vida :D Ninguno de los esquemas para el logo que veía en Ravelry me terminaba de convencer, y el que me convencía hubiera necesitado un montón de edición para adecuarlo al espacio del patrón, así que me até la manta a la cabeza y armada de un portaminas y un cuaderno de cadena cien hice un patrón apresurado. Aunque he quedado bastante contenta si los repito (que posiblemente sí porque YO TAMBIÉN QUIERO) haré algunos cambios. O no. Porque supongo que a estas alturas mis padres hayan tirado el trozo de papel piojoso y tenga que volver a hacerlo y todos sabemos que en la parte personal de mi curriculum he incluido como afición “patear la misma piedra repetida y concienzudamente”. Está justo debajo de “ser incapaz de contar las vueltas que he hecho en el primer elemento de una pareja en teoría idéntica”. TRICOTAJE DE CALIDAD.

Una vez garabateado el esquema dupliqué los puntos con la lana clara y yastá, mitones personalizados :D Baño templado, estirarlos y dejarlos al sol, y como por arte de magia les desaparecieron las escaleras, crecieron un poco y dieron las tres de la tarde DEL VIERNES. SÍ, GENTE, LOS ACABÉ CON UN DÍA DE MARGEN LIKE A MOTHERFUCKING ADULT (ignoremos discretamente los cinco o seis proyectos que tengo entre manos y que llevan meses de retraso).

Y también la regalaron un palo, que sé que os lo estabais preguntando.

el monstruo de zauberstein, o el moderno prometeo

Hace tiempo me compré una bola de Zauberball con una idea muy clara de en qué iba a utilizarla. No fue un momento de lujuria fugaz como esos que suelen terminar conmigo buscando una excusa para comprar Madtosh, sino una decisión calculada, fría y objetiva. Iba a hacerle unos guantes a JP e iban a ser verdes y blancos, y el verde iba a ser un verde intenso pero cambiante, e iban a partir la pana.

Descubrí que a Zauberball no le gustaba jugar con otros niños (más concretamente con Drops Merino) bastante pronto, pero aún así me empeñé en llegar hasta más o menos la mitad del primer guante antes de mirar a aquel esperpento con cara de pena y dejarlo en una bolsa en la silla, debajo de una montaña de ropa, para clavarnos las agujas cada vez que hiciéramos un movimiento en falso. La verdad es que la chispa entre Zauberball y yo se había apagado muy rápidamente; a mí sus verdes ya no me parecían gran cosa e incluso dudaba de que fuera de verdad peso fingering, por mucho que él me lo jurase. Por su parte, mi falta de experiencia y torpeza general, que los primeros días le resultaron encantadoras, empezaban a convertirse en defectos. Los dos nos dimos cuenta de que lo mejor era darnos un tiempo.

Cuando hace unas semanas volví a ordenar la ropa amontonada en la silla y apareció el medio guante me di cuenta de que, si lo mío con Zauberball iba a funcionar, había que cambiar de aires, empezando por las compañías. No le culpé. Le separé del Drops Merino lo mejor que pude. En agradecimiento él me sugirió que le usase en los mitones que le prometí a T hace tiempo. La única cosa que T había especificado era que los quería verdes, verde que te quiero verde que te mueres. Sólo era cuestión de encontrar un patrón que me convenciera (relativamente fácil dependiendo del día) y un poco de tiempo (…en fin).

Zauberball tiene un verde precioso que muta de verde bosque a verde hierba, lentamente, sin tonterías variegadas. Es suave y no tan fino como me había parecido en comparación con el Drops. Tiene un tuerce un poco demasiado fuerte, y se enrolla sobre sí mismo como si le pagaran para ello, porque está hilado con la idea de servir para calcetines. En general es una lana un poco desquiciante, pero suave y bonita. El patrón era un patrón sencillo, con un dibujo bonito pero no tan complicado como para perderse en los cambios de color. Ya había hecho unos mitones en redondo cuando estaba re-aprendiendo a hacer punto y quedaron bastante bien. No debería haber dado problemas, verdad?

Por desgracia, este mitón ha sido un poco un intento desesperado de hacer algo bien en un momento en que parece que todo está mal. Mal. Mal. Lo empecé en una mala tarde, con malos pensamientos, con la cabeza en otro lado, y lo continué obsesivamente dejando de lado todo lo demás, como si por tejer más deprisa o centrada en una sola cosa fuera a centrarme yo misma. Hasta ahora nunca había creído del todo lo que dicen por ahí de que tu ánimo influye, lo quieras o no, pero estos mitones son la prueba de que no puede salir algo bueno cuando cada punto que tejes está lleno de miedo, o de rabia, o de desequilibrio. Cumplió su objetivo a medias, que era el ocuparme la cabeza, pero ahora no puedo mirarlo sin ver todo lo que está pasando. Los puntos demasiado tensos, las escaleras irregulares, los enganchones, son como un mapa de los últimos días. Es demasiado grande, está torcido, podrido hasta las raíces y lleno de emociones negativas. No le puedo dar esto a T ni a nadie que me importe, pero no importa, porque ahora mismo ni siquiera puedo pensar en terminarlo.

Mitts for Merida

(psssst, al final encargué Acquaforte y Bastian/Rea. Véis cómo a veces pido consejos y luego incluso voy y los sigo? :D)

Nombre: Mitts for Merida
Patrón: Phoenix Mitts (3 euros)
Lana: Rowan Fine Lace en Patina
Hechos para: MERIDA! la señorita Florchis :D

 

 

 
 

Los Phoenix Mitts fueron uno de los primeros patrones que añadí a favoritos en Ravelry, en aquella época lejana (semana santa del 2012, concretamente) en la que pensaba que yo nunca, jamás de los jamases iba a interesarme tanto en esto de las labores como para pagar por un patrón. Arriesgarme a que a Jaqen le entrase la gonorrea y veinte cepas de virus distintos buscando torrents de revistas, puede. Pagar? Anda ya. Pero nos hacemos viejos y por mucho que Peter Pan diga que todos los adultos son piratas, al final he terminado cayendo en las sibilinas redes de la legalidad para según qué cosas y los Phoenix no son el primer patrón que compro. Tardé en decidirme porque tenía (tengo) entre manos varios chales y una manta, así que utilizaré esa frase tan manida de “yo no quería pero me obligaron” y diré que yo no quería (sólo que sí) pero Flor me obligó (sólo que no, que lo pidió muy educadamente). En realidad la usé vilmente como excusa para justificar el comprar otro patrón cuando tenía por ahí cuatro o cinco WiPs pendientes.

Por mucho que luego me haya enamorado de Rowan, mentiría si dijera que fue amor a primera vista. Fue más como la típica película en la que un vecino pardillo (yo) se enamora de la chica popular del colegio (la mezcla de alpaca y merino en laceweight). Por parte del pardillo sí es amor a primera vista, tan pronto como la ve salir de casa el primer día de clase (la toquiteé en la estantería de la tienda y casi me muero del gusto), pero a ella no le hace ni puta gracia tener que compartir proyecto de ciencias (mitones) y no trae los deberes hechos y le trata a patadas (empecé con un gancho del 2 cuando el patrón pedía un 1,75 y luego me las vi reputas para deshacer lo que llevaba) durante al menos la mitad del curso (las primeras siete vueltas). Entonces un día el pardillo hace algo desinteresado por ella (cortar por lo sano y empezar desde el principio, con más cuidado) y ella se da cuenta de que no es tan malo (no soy tan mala, en serio!). A partir de ahí se hacen amigos (DO ALL THE TREBLE CROCHET) y aunque intentan boicotearles el baile de fin de curso (para qué mentir, el agujero del pulgar y la unión con la palma son un poco cabrones y desquiciantes) al final sale bien y los guantes quedan decentes y todo.

Esto ha estado pasando tal que así estas últimas dos semanas, mientras vosotros seguíais con vuestras vidas.

Y es que Rowan Fine Lace es una gozada de lana para no cometer errores. Entre que no he hecho cosas delicadas con laceweight, que era un ganchillo mucho más fino de lo que estoy acostumbrada y que la alpaca hace que sea super suave y un poco peludilla, cuando llegó el turno de deshacer me quedó muy claro que la próxima vez que meta el gancho y sienta la más mínima resistencia me sale más a cuenta sacarlo y reintentar que seguir adelante como una jabata. Cualquier fibra, por fina e invisible que sea, se va a quedar enganchada con uñas y dientes esperando el momento de arruinaros la vida si tenéis que deshacer. Además una vez deshecha la lana se queda un poquito áspera (también es que yo soy muy burra, vale). No muy áspera, pero más áspera de lo que es recién sacada del ovillo. Pies de plomo con la Rowan, de ahora en adelante, porque tengo toda la intención de volver a utilizarla.

En cuanto al patrón en sí, también tengo toda la intención de volver a utilizarlo, aunque no por el momento. Irónicamente no soy la mayor fan del treble y me pone muy nerviosa cuando los patrones me mandan meter un montón de puntos en un pusilánime punto bajo, que es básicamente el material del que están hechos estos mitones. Veis esos abanicos? En cada uno de ellos me encontraba pensando “ay dios, en este sí que sí me va a quedar un agujero”. Veis ese pulgar? lo mismo pero el triple porque wtf, la unión dejaba boquetes del tamaño de seis pulgares más. Miro a la foto y de hecho veo un agujero (encontrad a Wally!), pero luego pienso “puf, considerando que esperaba al menos 110 (cálculo aproximado) mientras sólo sea uno tampoco me voy a desesperar”. Así que en general estoy muy contenta con el resultado y espero que Miss Flor lo esté también. Calentitos son un rato :D

Also, hay que joderse, el día que necesito fotógrafo JP estaba pasando el fin de semana en Francia. Autorretrato nivel: sacarse una foto de ambas manos a la vez 10 minutos antes de tener que salir para la estación de trenes.

Sí, ya sé que os gusta la taza, panda de frikis.