por qué no tejo muñecos (sólo que sí que lo hago)

En general soy una tejedora por proceso más que por resultado: lo que más me gusta de todo esto es ir viendo cómo algo crece y la parte del hacer más que el tener. Por otro lado también me encanta terminar las cosas y ver el proyecto finiquitado y mono y fotografiable, pero eso me dura menos. Mi problema con los muñecos es que el proceso de hacerlos me suele agotar. Odio rematar. Odio las cosas en mil piezas. Odio las piezas pequeñitas que hay que sujetar con tres manos para no cagarla. Y además los muñecos nunca cumplen mis expectativas, nunca quedan tan cucos como lo que tenía en mente y la verdad, para sentirme frustrada por mi inutilidad ya tengo escribir, no necesito más hobbies que me depriman.

El caso es que he hecho unos cuantos juguetes y me he puesto a pensar. Al final entre una cosa y otra resulta que la única razón por la que hago muñecos es cuando son para otra gente, y entonces los hago de mil amores (parcheados de juramentos en hebreo y promesas de no volver a meterme en esos berenjenales). A lo tonto y mirando mi página de proyectos de Ravelry resulta que he hecho un puñado nada desdeñable de muñecos para alguien que no teje muñecos (así que obviamente sí que lo hago). Fueron de las primeras cosas que hice porque resulta que por muy frustrante que sea rematarlos, haciendo muñecos se aprende un huevo; la menda no tendría ni idea de qué son las short rows o el i-cord si no fuera por algunos de ellos.

Y otra cosa que me gusta de la muñequería es que da igual lo poco satisfecha que quede yo, a sus futuros dueños les suelen encantar. Así he terminado, por ejemplo, haciendo dos de los elefantes de Sarah Keen, uno un poco tuneado para que parezca Max Rebo, y que ahora mismo viven en las cunas de dos niñas poco más grandes que ellos.

Total, que de vez en cuando alguien me pide un muñeco o decido que totalísimamente tengo que hacerle un muñeco a alguien, y me embargo en el horror de piecitas minúsculas y relleno y remates que son. No pasa muy a menudo, pero pasa, y como soy ligeramente obsesiva me pasa algo que no suele darse con chales y cosas más grandes: si los empiezo tengo que acabarlos lo antes posible. Puede que eso tenga que ver con el agotamiento mental que me dan.

Así que cuando antes de Navidades mi amiga de la infancia, la excelvillosa MA, me preguntó si estaría dispuesta a hacerle un encargo de cuatro amigurumis de los Vengadores para una amiga suya, hice lo que cualquier Adhara que no teje muñecos haría: dije que por supuestísimo que sí. Y fue un poco pesadilla. Y aprendí varias cosas, niños:

1. No digáis que sí a la brava sin tener ni siquiera un patrón, o igual terminas teniendo que rediseñar casi por completo otro que no tiene gran cosa que ver. Y eso lleva tiempo.
2. Comprad lana de más.
3. Comprad lana que sea del mismo peso (y de más). No os fiéis de la etiqueta, comprobad esa mierda. O podría pasar, hipotéticamente, que Thor quede más grande que Hulk. Hipotéticamente.
4. Comprad lana de más, en serio, o es posible que tengáis que pedir a vuestra madre que os mande lana desde España. Y es bastante caro. Y se come la mitad de los beneficios. Pero como la mayoría de gente no es gilipollas como lo soy yo, imagino que a vosotros no os pase.
5. Mandadle cartas a Marvel para que le corten el pelo a Thor o algo, porque mucha melena Pantene pero perdí tres años de mi vida con esa cabeza.
6. A Hulk le quedan fantabulosos los pantalones hechos con lana morada con purpurina, pero en las fotos siempre va a salir azul.

Al final tras mucho dolor de cabeza y mucho cagarme en Marvel ya están los cuatro esperando a que los recoja su dueña definitiva, después de dar tumbos arriba y abajo del mar Cantábrico como artistas de circo. Más le vale Espero sinceramente y sin locura ninguna que le gusten :D

avengers

baby groot, o cómo descubrí que necesito aprender a hilar dando más elasticidad a la lana

Hace unos días se alinearon dos planetas que desembocaron en volver a coger el ganchillo después de meses teniéndolo aparcado: Nieves volvió de ver Guardians of the Galaxy convencida de que todo el mundo debería tener un baby Groot y varios de los blogs y tumblrs que sigo mencionaron a la vez el patrón de Twinkie Chan. Cuando Anxo de Enemy Dolls subió la foto del suyo ya no pude aguantar más, principalmente porque estoy en medio de estudiar Lingüística y ya sabemos todos que si hay un momento propicio para empujarme a empezar todos los proyectos del mundo es éste. Además, me autoconvencí, era el cumple de Nieves dentro de poco y tenía la lana perfecta para el look rústico-cortecil, hilada a manita.

100% churra merina de pura cepa

100% churra merina de pura cepa

Bear, como llamé a esa madeja, fue la tercera cosa que hilé y la primera en la que me lancé al estrellato plegando, así que sabía que no iba a poder seguir el patrón exactamente. Mi Groot ha quedado más pequeño que los que he visto por ahí, además de más irregular porque la lana pasa con jolgorio y alegría de un fingering fino a un worsted muy poco fino. Aún así me puedo dar con un canto en los dientes porque en general es bastante de fiar y también le da un poco de gracia a la cosa. But I digress.

El problema es la elasticidad. Una de las razones por las que casi no hago ganchillo ya, aparte de que me llamen más los patrones de punto (pero a quién quiero engañar, últimamente tampoco hago punto), es que el punto es más permisivo con lanas poco elásticas. Cuando hice a mi tía su chal de seda prometí que nunca más haría ganchillo con algo tan antipático. Por desgracia y como hiladora novata, Bear tiene apenas un poquito más de elasticidad que aquella seda y es chopocientasmil veces más áspera. Resultado: para cuando llegué a los brazos ya tenía los dedos como garras y ni siquiera había entrado en Mordor todavía.

No quiero hablar de ello. Duele demasiado. No, literalmente, me duelen los dedos al recordarlo. La irregularidad de la lana, mi torpeza a la hora de buscar los puntos y lo pequeñín de los brazos culminaron en unas cuatro horas de juramentos en hebreo y soluciones chapuceras. Para entonces ya me la soplaba de lado todo; pegué un montón de papel pinocho al fondo de la maceta y le acomodé como pude, imaginando que el invento no aguantaría ni una noche antes de tener que buscar una solución más drástica (por alguna razón me daba un montón de penita pegar a Groot permanentemente al tiesto. Yo qué sé, igual quería dar un paseo o ir a la cocina a por un vaso de leche).

Pero cuando me levanté el domingo ahí estaba Groot en su maceta, tranquilamente a pesar de sus brazos deformes. El pobrecín se ha quedado sin hojas porque por pura casualidad su futura dueña y su consorte pasaron brevemente por Cantabria ese mismo día (pero el rato suficiente como para tener que dar un rodeo y traerme hasta Santander cuando Feve me traicionó de mala manera v.v LO SIENTO) y si a ella le ha gustado pues oye, algo habré hecho bien :D

Se nota que tiene parte de mí por la forma en que está permanentemente enseñándole el dedo medio al mundo

Se nota que tiene parte de mí por la forma en que está permanentemente enseñándole el dedo medio al mundo