aaay :(

Fiel a mi gloriosa tradición de hacerme daño con las cosas más tontas, hace un mes y medio conseguí montarme un pifostio moderado en el meñique de la mano derecha con la única cosa de toda la tienda que ni pesa ni corta. Al principio pensé que era una brecha sin más, hasta que la herida empezó a cerrarse y me dí cuenta de que algo me hacía clic en el dedo. Fui al traumatólogo aprovechando que estaba en Santander. Resulta que me he roto la bandeleta lateral, que por lo visto es lo que hace que pueda estirar el deduco*, y van a tener que abrirlo y escarbar y recoserlo, pero para eso antes necesito superar las tres pruebas del torneo de los tres magos, recuperar el anillo único y liberar Narnia porque todos sabemos cómo las gastan los ingleses**.

Esto ha tenido varias consecuencias:

  1. Tengo que llevar una órtesis que me duele la vida.
  2. Me duele la vida.
  3. Apenas puedo usar la mano derecha, y por supuestísimo soy diestra
  4. NO PUEDO HACER PUNTO PORQUE EL UNIVERSO ME ODIA

En general no puedo escribir durante más de cinco minutos, ni jugar a nada en la xbox que requiera algo de soltura, ni fregar (gran pérdida), ni echarle horas al Crusader Kings. Por supuesto también escogí los dos días antes de ir al médico en Santander, cuando todavía creía que esto podía arreglarse con una venda y rehabilitación, para decidirme a aprender a dibujar/pintar y comprarme esto:

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La órtesis y el dolor y en general la pity party que me llevo echando desde entonces han echado por tierra todas mis intenciones de progresar. Sin embargo, al contrario que hacer punto o ganchillo, que ha resultado ser por completo imposible, sí que hay cosas que puedo hacer con las acuarelas siempre que no le dedique mucho tiempo/no insista demasiado en que queden bien. Por ejemplo, pseudo-galaxias.

 

Hoy incluso hice como que soy la clase de persona con paciencia y esforzada que empieza la casa por los cimientos en vez de por la veleta! Hice mi propia carta de colores! Repetí al menos 20 que tenían que ser distintos!13782063_10153728211618862_4234175928795087040_n

Y aunque por un lado me está gustando mucho experimentar con color después de una vida dedicada a garabatear en boli y cutremente, mi dedo biónico me está poniendo la zancadilla constantemente y en general es una fuente de frustración así como constante, añadida a la frustración constante de haber esperado 33 años para decidir que quiero ser capaz de dibujar algo más que gente bizca.

Lo que vengo a decir es que va a pasar una temporada (más de 2 semanas y menos de 7 años, espero) antes de poder volver a hacer punto. Con lo bien que iba con las cosas que tenía entre manos :( Eso no quiere decir que el blog pase a ser sobre pinturas, porque no hay por donde cogerme en general, pero en fin, generalizará un poco más.

(Si no habéis tenido suficientes galaxias mal manchadas, también me he abierto una cuenta en instagram sólo para meter todos estos experimentos: holyblankspacebarman).

 

*En realidad era porque no aprobaban mis modales de plebeya al beber el té, así que alguien tiene que encargarse de que estire el meñique en condiciones

**OPERADME O CORTADME LA MANO, HIJOS DE LA PÉRFIDA ALBIÓN, PERO QUE SEA YA

hoy tuvimos simulacro

Por un lado, pereza eterna de tener que bajar quince pisos (QUINCE). Te da mucho tiempo a pensar en lo frágil de la vida humana y lo jodida que va a estar la cosa si un día hay una emergencia de verdad en este santo edificio.

(En realidad yo tengo un plan de escape bastante apañado si se diera el caso. No voy a contarlo aquí porque el secretismo es la base de su éxito, pero hay sitio para una persona más, dos si son tamaño Kristen Bell, y acepto PayPal)

Aún peor que la bajada es el momento posterior, después de pasar diez o quince minutos en el prado, en el que mil personas impacientes y algunas almas cándidas perdidas se afanan por tomar los ascensores* y volver a sus sitios como si se hubieran dejado el horno encendido en el cubículo.

Por otro lado:

En cualquier caso tus puntos de molonidad tejiendo en un simulacro sólo podrían verse superados por verte tejiendo mientras das la espalda a una explosión.

La infame señorita Nieves dixit.

Dramatización.

*Tenemos ocho, y todos esquizofrénicos. Haced cuentas.

Día 5 de encierro.

Sin cambios; si me acerco a la ventana (o desde la cama también, maravillas de hacer vida en un estudio) puedo ver a los obreros de enfrente continuando las obras de Der Eskorialen, inexorables pero sin avanzar, aparentemente, a no ser que la guardería que están construyendo tenga 25 niveles subterráneos para que se pierdan los críos (OJALÁ) y yo me lo esté perdiendo porque el edificio de la catequesis me tapa la vista. El vecino de arriba continúa las reformas de su habitación del pánico con circuito de carreras para los dos galgos hiperactivos que tiene como hijos. No le quitéis mérito, que su piso es tan grande como el mío y no sé de dónde saca espacio para seguir martilleando y taladrando todos los días. Los antibióticos acorralan a la infección y ahora ya sólo toso como un perro enfermo, en lugar de como uno zombi podrido por dentro tratando de estirparse los pulmones por pura inercia tosil. Sí, señoras y señores, tengo mi segunda (o tercera) infección pulmonar en lo que va de año. Alemania me quiere matar y lo intenta en todos los frentes.

Febrero, Marzo y Abril se están portando mal. Mal. De algunas cosas no puedo hablar y de otras no quiero hablar por aquí, así que me váis a perdonar el cripticismo de attention whore y en su lugar procederé a contaros cosas estúpidas. O cosas bonitas, como que fui a Estrasburgo antes de Semana Santa y me rebocé en amor familiar-político, y después fui a Santander por Semana Santa y me rebocé en amor familiar. Y en lluvia del Norte. Y en crema de calabaza de la que hacen mis tías (O.G.H). Además tengo un momento al año cuando me paso por la carpa de la Porticada donde tienen los pasos de la procesión y le pregunto a mi madre sobre las cosas que hacía mi abuelo cuando era mayordomo de la Virgen de los Dolores, que es así como el paso más enorme y bonito de Santander y está muy ligada a mi familia materna. Por supuesto también hicimos las estaciones, que viene a ser una excursión por los pueblos recónditos que conoce mi padre (mi padre, el GoogleMaps original en lo que a Cantabria se refiere, seriously) en la que además de subir y bajar montañas nos paramos en unas cuantas iglesias a echar unos Ave María.

Así de épicas las gastamos en los cementerios norteños.

Así de épicas las gastamos en los cementerios norteños.

Hacía, además, un año casi justo (no justo del todo porque la Semana Santa y su movilidad es así de chunga) que había empezado a ganchillear, y lo celebré por todo lo alto: llevándome dos proyectos y volviendo con los dos terminados. O mejor dicho no volviendo con ninguno, porque ambos se quedaron allí con sus respectivas dueñas. Del primero no hay fotos ni os puedo enlazar el patrón porque es el regalo de boda para mi tía M y, aunque finalmente no vaya a ponérselo durante la ceremonia, no voy a ir por ahí espoileándolo, pero podéis esperar un post al respecto en algún momento de Junio. O tal vez una foto en Facebook y punto, que una es así de vaga.

El otro era mi segundo Maia. Tengo en la carpeta de borradores de este blog un post sobre el primero que posiblemente se quedará en el limbo eterno ahora que ya ha hecho amigos allí, pero basta decir que fue el chal que me convenció para siempre de las bondades del blocking y de su papel para pasar de “braga engurruñada” a “algo ponible”. No soy muy fan del aspecto del ganchillo (ya, quién lo diría) y por aquel entonces ya estaba empezando a meterme con el punto, pero mi madre insistió en que quería el mismo patrón que el de mi tía N, y lo remató escogiendo uno de mis colores preferidos de Madelinetosh: Silver Fox.

Silver Fox siendo genial a pesar de mis manazas (foto pre-blocking, obviamente)

Lo que me gusta de Maia es que va a toda leche. Técnicamente lo empecé en Enero, pero entre exámenes y el chal de la boda le había dedicado muy poco tiempo. Traía el chal de la boda ya terminado, sin nada más que hacer que bloquearlo, así que podría decirse que he terminado el Maia en un tiempo total de una semana, con dos o tres horas al día, más los dos días que tardó en secarse en la atmósfera submarina de Santander. Lo desclavé del corcho el día que me iba, por la mañana, y mi madre se lo llevó puesto.

En toda su gloria (LOL) post-blocking

Estoy pesada con estas cosas, verdad? Lo exacerba la mierdez de año ya mencionada, qué queréis que os diga. Mientras le doy a la lana y miro Gran Reserva (QUE ALGUIEN PRENDA FUEGO A SARA, POR DIOS) o Desperado (maratón de Robert Rodriguez que nos dimos este fin de semana) no me da mi cerebro primitivo para pensar en otras cosas. También he estado leyendo cosas flojitas y facilonas; me acabé El Padrino en tres días, porque sorprendentemente no me lo había leído y algún día os contaré de qué forma tan poco ortodoxa me he visto las películas, y ahora mismo estoy rastreando literatura juvenil de esa que da vergüenza linkear, así que si tenéis recomendaciones por favor no os cortéis. Pero nada demasiado sesudo. Recordad que soy una infectada y si es muy complicado tendré que comerme mis propios dedos de la frustración.

Man walks down the street in a hat like that, you know he’s not afraid of anything.

Tanto mi señora madre como mi señor padre son gente poco torpe y bastante habilidosa con las manos a la hora de hacer manualidades (la una), bricolajosidades variadas (el otro) y en general cosas que llevan un poco de maña. Se les da bien y ya está, no sé si viene de familia o andaban por ahí durante una tormenta de rayos manitas o qué.

No es hereditario. Yo soy lo más pato que hay y encontraré formas ridículas, muy ridículas, de romper las cosas o hacerme daño a mí misma, como la vez que me corté con una barra del pan o bañé las consolas del trabajo en el café repugnante de la máquina cuando lo único que quería era mover la silla un poco para la derecha. De arte llego poco surtida desde la línea de salida. Y además tengo nula paciencia para aprender a hacer las cosas. Mi modus operandi es:

– Interesarse por algo (digamos encaje de bolillos)
– Investigar (qué es el encaje de bolillos? quién lo practica? Y más importante: cuál es la página más completa de Internet al respecto? Me puedo hacer cuenta?)
– Emocionarse por las vastas posibilidades (Tapetillos a bolillo! Capas de Batman! Fundas para gafas! Cadenas de nieve para las ruedas del coche! El mundo es mío!)
– Recabar materiales (en mi defensa puedo decir que ahora soy mucho menos cafre de lo que solía ser llegados a este paso, y sólo me compro lo más básico y barato. Porque después de 29 años parece que por fin me conozco y sé lo que sigue)
– Empezar (emoción)
– No conseguir hacer a la primera ese conjunto de braga y liguero en auténtico bolillo de Potorroflandes con doble tirabuzón y extra de queso (sorpresón) o conseguir hacerlo a la primera pero no queda como en la foto (furia no-contenida)
– Frustrarme enormemente (y puede que lloriquear)
– Ponerme un capítulo de algo y olvidarme de los bolillos, esos amantes crueles (hasta la próxima ventolera)

Y ahí estaba yo, esta semana santa, debatiéndome entre las ganas locas que tenía de ponerme a hacer algo así medio artístico con las manos (porque la maña no la he heredado, pero las ganas sí, por joder) y el saber que no es lo mío. Además, qué hacer? Me ponía a pensar en mis ataques de furia con las agujas de hacer punto y sus putos nudos y los tres años que me llevó hacerle una bufanda a Ventrue y lo que quería era cortarme los dedos. Me ponía a pensar en el año largo que me llevó hacerle a mi tía Nena media docena de conejitos en un cuadro de punto de cruz de 10x20cm y me daba la pájara. Además, aunque luego me gustase y le diera más caña, casi que peor porque dónde coño iba yo a colgar todos esos retratos a punto de cruz de dos por dos metros? Veía mis dos cajones escasos llenos de servilletas con maripositas, y ni siquiera me gustan las maripositas.

Entonces me acordé del Sackboy más adorable que nada que me hizo la maravillosa Gin el año pasado, y me empezó a picar el gusanillo. Lo de hacer monigotes tiene mucha salida: yo los hago y me quito la histeria de querer hacer algoloquesea, pero luego siempre hay un crío (o un amigo friki) a quien encasquetárselo! En el peor de los casos lo puedo dejar cual ninja urbana en un parque 10 minutos antes de la salida de la guardería! Problema resuelto!

owlguin Y así me planté, hace semana y media, en la tienda de lanas local para que la señora me diera la lana más acrílica y baraturcia que tuviera y un ganchillo (del tamaño equivocado, por cierto, señora), bajo la mirada emocionada de mi madre. Ahora bien, no sé si la emoción venía de verme comprando material para las labores propias de mi condición de hija de persona con arte, o si lo que la hacía ilusión era que por una vez para cuando llegase a la fase 6 (frustración/ira no-contenida) ya estaría de vuelta en Frankfurt, a 2mil kilómetros de distancia, y ella no tendría que aguantarme.

Y aquí estoy ahora mismo. Para mi sorpresa, no he llegado al momento de frustración inaguantable y estoy llevando muy bien que me salgan las cosas con ese tufo a principiante que no se quita ni con filtros del photoshop. Hay un chico en el trabajo que hace punto con un desparpajo que sólo esperas de gente que no ha hecho nada más en su vida o de androides muy especializados, y le hizo una gracia enorme cuando se lo comenté que ya hubiera encontrado, por mi cuenta y riesgo (sobre todo riesgo) la panacea internetera para todas estas cosas. En general ando emocionada añadiéndolo todo a favoritos y empezando proyectos sólo por probar cómo hacer algo, aunque luego a la hora de añadirle ojos y similares tenga que dejarlo porque no tengo ni ojos ni similares. Así anda mi primer proyecto “serio” (*insertar descojono*): un búho para mi madre que, por no tener, no tiene ni pinta de buho porque pegué los ojos demasiado separados, ignoré vilmente el tamaño recomendado de lana y ganchillo, me comí más puntos que un zombi suelto en un post-operatorio de Camilo Sesto y terminó con unas alas de condor que ya quisieran algunos Boeing. Pero eh, eh, SÉ CAMBIAR DE COLOR. Eso tiene que contar para algo :D

el pinguino en cuestión