cosucas monas: mis cuadernos actuales

Tengo preparada a medias una entrada sobre las distintas etapas que he tenido en esto de llevar diarios y mi adicción a la papelería, pero hoy sólo vengo a hablar de mi libro de mi organización actual.

Retomé lo de llevar un diario poco antes de que me operasen de la mano, el verano pasado. En realidad más que retomar lo de llevar el diario fue que: 1) decidí aprender a dibujar; y 2) encontramos un par de libretas Moleskine clásicas a un precio ridículo en una de las tiendas del pueblo, así que las compramos sin saber qué hacer con ellas sólo porque eh, 2 LIBRAS CADA UNA? SIRIUSLY? Una cosa en Instagram llevó a la otra y pronto estaba abusando del papel como si se fuera a acabar el mundo.

No, en serio, lo que ha aguantado ese pobre cuaderno no es normal

No, en serio, lo que ha aguantado ese pobre cuaderno no es normal

Entre la baja y la incapacidad para hacer otras cosas me dio tiempo a crear un hábito antes de volver al trabajo en octubre. Mi ritmo decreció espectacularmente, pero para sorpresa de todos los que me conocéis no terminé de dejarlo tirado. Es más, terminé la libreta y todo. Y puede que el 90% de lo que tiene dentro sea mierda pero PUF, hay algo de fetichista del papel en mi interior que hace que las libretas así gordas y llenas de papeles y totalmente deformadas me calienten el corazoncito. Son libretas llenas de cosas y usadas y manoseadas y serán más o menos bonitas por dentro pero dude, en cinco años seguro que vuelvo a abrirla y pienso “Anda, de esto no me acordaba”, y yo qué sé. Yo qué sé, esto es 100% mi estética:

AAWWW YISSSS

AAWWW YISSSS

A medida que veía venir el final del primer cuaderno empezó a reconcomerme una idea por la cabeza. A nada que hayáis echado un vistazo en la esfera del bullet journaling o similares habréis oído hablar de Midori y Travelers Notebook. Es el monstrenco del rollo, y hace diarios reutilizables y otras cosas de papelería, todo muy bonito. Todo muy caro también. Tienen una secta de seguidores que se bañan en patodólares como el tío Gilito, pero yo opté por la vía del proletariado y empecé a buscar fauxdoris (Midoris falsos, literalmente) en Aliexpress, al principio sólo “por mirar”. Luego porque “bueno, estoy a punto de acabarlo”. La verdad era que para algunas cosas la Moleskine se me quedaba pequeña (físicamente pequeña) y me atraía mucho probar el formato algo más grande de los fauxdoris. Aún así pasé por tres semanas de dilema tratando de decidir si me lo compraba o no: lo necesitaba de verdad? Iba a usarlo? Cómo y cuánto iba a usarlo? Podía encontrar recambios con relativa facilidad? Qué clase de recambios quería ponerle? Merecía la pena el gasto? Ay, pero no, para qué. Ay, pero sí, que me gusta mucho y seguro que lo uso. Ay, pero no, que si te aburres del tema es otro cuaderno más a la pila de cuadernos preciosos que te da pena usar. Ay, pero…

Me veo en la obligación de especificar que el gasto, incluyendo envío, eran siete dólares. Dos cafés (de mierda) en Starbucks. Por si alguna vez ponéis en duda mi capacidad para sobreanalizarlo todo.

Reader: I bought it.

Fauxdori de polipiel con bahía de fondo, paisaje marino.

Fauxdori de polipiel con bahía de fondo, paisaje marino.

El fauxdori venía con dos recambios: uno de papel kraft que uso para acuarela y collage y otro de papel lineado de agenda, además de un par de bolsillos para guardar mierdecillas. Canibalicé unos intentos de fauxdori bastante cutres que vendían en Natura en Navidades para añadirle otro recambio de kraft, de peor calidad, que utilizo para tomar notas en el momento. La Moleskine la uso como diario, con dibujines y el ocasional montón de washi. Y así empecé el año con lo que de momento sigue siendo mi “setup”, sin intenciones de cambiarlo más allá de seguir personalizando un poco más el fauxdori (de momento además del recambio nuevo sólo le he añadido una banda de lazo en vez de los elásticos, pero stay tuned que habrá más)

(ya no están así de limpitos y delgaducos)

(ya no están tan limpitos y delgaducos)

diario octubre/ahora

He estado dudando un poco sobre si este blog de verdad, de verdad necesita otra afición más además del punto y el hilado, hasta que me he dado cuenta de que aunque he hecho punto últimamente no he acabado nada en una temporada. La verdad es que aún no me he acostumbrado del todo a tejer con el dedo pocho, apenas tengo tiempo para sacar las agujas, y en general estoy tomándome las lanas con calma. La mayor parte de lo que hago ahora se engloba en el mundillo de los distintos diarios, o en intentar aprender a acuarelear (“intentar” es la palabra clave aquí, porque tengo toda la sensibilidad y paciencia de tres camiones de orcos puestos de anfetas). Igual precisamente por eso estoy cómoda con los diarios: no planifico, no les dedico más tiempo que el que me lleva buscar lo que quiero usar y luego pegotearlo todo. Me hizo mucha gracia cuando compartieron una de mis entradas en el tumblr de gráficos con el comentario “Muy bonito pero requiere un montón de tiempo” porque ay, sweet summer child, qué engañada vive la gente; por una vez he encontrado una afición que más o menos se lleva bien con mi falta absoluta de esfuerzo.

Tengo planeada unas cuantas entradas sobre materiales (ogh), qué cuadernos uso actualmente (más de uno y menos de diez), la forma que toma esta obsesión (tentáculos y colmillos) y otras cosas del montón, pero de momento aquí va otra galería de las páginas que más me han gustado estos últimos meses (son todas las que están, pero no están todas las que son. Para todo todo y todo: Tumblr o IG)