NUNCA MÁS (y van 4)

El primer chal un poco complicado que hice a ganchillo y que no quedó feo fue el de mi tía N. Guardo un pedacito especial de mi corazón para ese proyecto porque fue mi primer encuentro con las lanas de Madelinetosh, y aunque ahora ya me haya expandido y no pueda decir que son mi marca preferida (Dyeforyarn, soy tuya, call me) sí que sigo queriéndola mucho y estoy muy contenta de haberla conocido. Madtosh es ese novio que era más bien un amigo con beneficios y con el que rompiste sin mucho drama cuando ambos encontrasteis gente que os interesaba más, pero todavía os lleváis bien y os mandáis memes por facebook*.

Pero divago. Fue mi primera experiencia con Madtosh (bieeeen) y mi primer Maia (eeehhh). Y la cosa con el Maia fue que sí, aprendí bastante. Para cuando lo terminé sabía leer mis puntos bastante bien, algo que llevaba muy cuesta arriba, y me sabía el patrón de memoria, que es el principal problema del Maia. El Maia es EL TEDIO, así, con mayúsculas. Las cuatro mismas vueltas una vez, y otra, y otra, y otra. Si hay algún punto que no domines al empezarlo para cuando lo acabes podrás escribir disertaciones sobre él. El de mi tía N quedó un poco pequeñito porque me daba miedo quedarme sin lana y además todavía no bloqueaba con la alegría de torturador medieval con la que bloqueo ahora, y aún así acabe un poco cansada. No tenía intención ninguna de volver a hacer ese patrón.

Entonces mi madre me pidió ese patrón. No otro, ningún otro, ese. Y cómo le iba a decir que no a mi madre. Así que hice otro Maia. También con lana de Madtosh en Silver Fox, que tiene que ser uno de los colores más preciosos que tienen. Este quedó todavía más bonito, y más grande y mejor bloqueado porque ya le había perdido un poco más el miedo. También juré que ahora (entonces) sí que sí, que jamás, jamás volvería a hacer otro Maia, porque ya soñaba con sus putos puntos triples.

Y pasó el tiempo. Y le hice un chal a mi madre y a todas sus hermanas excepto a E, no porque no quisiera sino porque los chales que empezaba para E se me cruzaban de mala manera. Ya había empezado a hacer punto y sin exagerar, en dos años inicié y deshice al menos cinco chales y un poncho para E. Para la primavera del año pasado me empezaba a dar vergüenza intensa el no haberle hecho nada aún. Al principio intenté resistirme, pero pronto quedó claro: tenía que hacerle otro Maia. Era el destino. Así que hice otro Maia, esta vez eterno y sin miedo, con un acrílico interminable para que pudiera maltratarlo y llevarlo a la playa y tirarlo en la lavadora sin preocuparse. Y le encantó y la maldición se rompió. Y pensé que nunca tendría que hacer otro Maia porque de verdad, ya no me quedaba gente a la que quisiera tanto como para hacerles un Maia.

No contaba con Fer.

En su defensa diré que Fer no sabía que yo había jurado tres veces no volver a hacer un Maia y que me hizo muchísima ilusión que me encargase uno como regalo de cumpleaños para otra persona, porque si conocéis al Fer sabéis que aparte de ser un amor y lo mejor que se puede tener como amigo, el Fer es estiloso a morir. Y si le gustan las cosas que hacer como para regalárselas a otra persona es que eh, haces las cosas bien. Así que por un lado honor y ego por las nubes de que pensara en mí.

Por otro… bueno *señala los párrafos anteriores*

Esto fue en mayo, antes de que me rompiera el tendón. No voy a decir que me alegre de lo que pasó con mi dedo, pero digamos que para cuando empecé a recuperarme (todavía estoy en ello) tenía tantas, tantas, tantas ganas de coger las agujas que acometí el trocito de Maia que tenía parado desde junio con mucha alegría y mucho ímpetu, y luego ya cuando se me pasó la borrachera de “AY, QUE PUEDO HACER GANCHILLO OTRA VEZ” suplí el carrerón con inercia y sentido del deber. Y perseveré de una manera que asombró a propios y extraños porque soy la reina del “ya lo hago otro día”, pero esta vez no, y lo acabé a tiempo, y lo bloqueé y lo sequé y lo metí en un sobre y ya está con Fer y espero que a su destinataria le encante.

Otros datos: la lana es Zambezi, de Fleece Artist, en Sea Oak, y es una gozada esponjosa de seda y mohair con un corazón negro y cruel. No la caguéis con esta lana. Tratadla bien y con mimo, haced cosas bonitas con ella, pero si tenéis que deshacer puntos podéis empezar a llorar ya porque os garantizo que habrá lágrimas y se os romperá la hebra y os preguntaréis cómo algo tan delicado puede tener tan mala hostia. A modo de anécdota comentaros que en los cuatro Maias que he hecho la he cagado leyendo el patrón del primer motivo todas las veces. En el cuarto quise ir de lista y me dije “Adh, cuidado aquí que ya sabes que siempre la cagas, lee lentamente”. Y volví a meter la pata. Es así y punto.

(Ese no fue el error por el que tuve que deshacer una vuelta entera y enfrentarme a la ira de Zambezi, por cierto. Mi error no se ve si no te sabes el patrón de memoria. Como me lo sé yo a estas alturas).

Pero ya está. No habrá un quinto Maia, a dios pongo por testigo. No me pidáis un Maia porque pueden pasar dos cosas: posiblemente no os quiera tanto como para decir que sí, y prefiero ahorraros el disgusto. Y si os quiero lo suficiente como para decir que sí, diré que sí, y el disgusto me lo llevaré yo. No seáis malos. No me pidáis más Maias.

*por desgracia no hablo por experiencia propia pero espero sinceramente que esta clase de relación exista

por qué no tejo muñecos (sólo que sí que lo hago)

En general soy una tejedora por proceso más que por resultado: lo que más me gusta de todo esto es ir viendo cómo algo crece y la parte del hacer más que el tener. Por otro lado también me encanta terminar las cosas y ver el proyecto finiquitado y mono y fotografiable, pero eso me dura menos. Mi problema con los muñecos es que el proceso de hacerlos me suele agotar. Odio rematar. Odio las cosas en mil piezas. Odio las piezas pequeñitas que hay que sujetar con tres manos para no cagarla. Y además los muñecos nunca cumplen mis expectativas, nunca quedan tan cucos como lo que tenía en mente y la verdad, para sentirme frustrada por mi inutilidad ya tengo escribir, no necesito más hobbies que me depriman.

El caso es que he hecho unos cuantos juguetes y me he puesto a pensar. Al final entre una cosa y otra resulta que la única razón por la que hago muñecos es cuando son para otra gente, y entonces los hago de mil amores (parcheados de juramentos en hebreo y promesas de no volver a meterme en esos berenjenales). A lo tonto y mirando mi página de proyectos de Ravelry resulta que he hecho un puñado nada desdeñable de muñecos para alguien que no teje muñecos (así que obviamente sí que lo hago). Fueron de las primeras cosas que hice porque resulta que por muy frustrante que sea rematarlos, haciendo muñecos se aprende un huevo; la menda no tendría ni idea de qué son las short rows o el i-cord si no fuera por algunos de ellos.

Y otra cosa que me gusta de la muñequería es que da igual lo poco satisfecha que quede yo, a sus futuros dueños les suelen encantar. Así he terminado, por ejemplo, haciendo dos de los elefantes de Sarah Keen, uno un poco tuneado para que parezca Max Rebo, y que ahora mismo viven en las cunas de dos niñas poco más grandes que ellos.

Total, que de vez en cuando alguien me pide un muñeco o decido que totalísimamente tengo que hacerle un muñeco a alguien, y me embargo en el horror de piecitas minúsculas y relleno y remates que son. No pasa muy a menudo, pero pasa, y como soy ligeramente obsesiva me pasa algo que no suele darse con chales y cosas más grandes: si los empiezo tengo que acabarlos lo antes posible. Puede que eso tenga que ver con el agotamiento mental que me dan.

Así que cuando antes de Navidades mi amiga de la infancia, la excelvillosa MA, me preguntó si estaría dispuesta a hacerle un encargo de cuatro amigurumis de los Vengadores para una amiga suya, hice lo que cualquier Adhara que no teje muñecos haría: dije que por supuestísimo que sí. Y fue un poco pesadilla. Y aprendí varias cosas, niños:

1. No digáis que sí a la brava sin tener ni siquiera un patrón, o igual terminas teniendo que rediseñar casi por completo otro que no tiene gran cosa que ver. Y eso lleva tiempo.
2. Comprad lana de más.
3. Comprad lana que sea del mismo peso (y de más). No os fiéis de la etiqueta, comprobad esa mierda. O podría pasar, hipotéticamente, que Thor quede más grande que Hulk. Hipotéticamente.
4. Comprad lana de más, en serio, o es posible que tengáis que pedir a vuestra madre que os mande lana desde España. Y es bastante caro. Y se come la mitad de los beneficios. Pero como la mayoría de gente no es gilipollas como lo soy yo, imagino que a vosotros no os pase.
5. Mandadle cartas a Marvel para que le corten el pelo a Thor o algo, porque mucha melena Pantene pero perdí tres años de mi vida con esa cabeza.
6. A Hulk le quedan fantabulosos los pantalones hechos con lana morada con purpurina, pero en las fotos siempre va a salir azul.

Al final tras mucho dolor de cabeza y mucho cagarme en Marvel ya están los cuatro esperando a que los recoja su dueña definitiva, después de dar tumbos arriba y abajo del mar Cantábrico como artistas de circo. Más le vale Espero sinceramente y sin locura ninguna que le gusten :D

avengers

baby groot, o cómo descubrí que necesito aprender a hilar dando más elasticidad a la lana

Hace unos días se alinearon dos planetas que desembocaron en volver a coger el ganchillo después de meses teniéndolo aparcado: Nieves volvió de ver Guardians of the Galaxy convencida de que todo el mundo debería tener un baby Groot y varios de los blogs y tumblrs que sigo mencionaron a la vez el patrón de Twinkie Chan. Cuando Anxo de Enemy Dolls subió la foto del suyo ya no pude aguantar más, principalmente porque estoy en medio de estudiar Lingüística y ya sabemos todos que si hay un momento propicio para empujarme a empezar todos los proyectos del mundo es éste. Además, me autoconvencí, era el cumple de Nieves dentro de poco y tenía la lana perfecta para el look rústico-cortecil, hilada a manita.

100% churra merina de pura cepa

100% churra merina de pura cepa

Bear, como llamé a esa madeja, fue la tercera cosa que hilé y la primera en la que me lancé al estrellato plegando, así que sabía que no iba a poder seguir el patrón exactamente. Mi Groot ha quedado más pequeño que los que he visto por ahí, además de más irregular porque la lana pasa con jolgorio y alegría de un fingering fino a un worsted muy poco fino. Aún así me puedo dar con un canto en los dientes porque en general es bastante de fiar y también le da un poco de gracia a la cosa. But I digress.

El problema es la elasticidad. Una de las razones por las que casi no hago ganchillo ya, aparte de que me llamen más los patrones de punto (pero a quién quiero engañar, últimamente tampoco hago punto), es que el punto es más permisivo con lanas poco elásticas. Cuando hice a mi tía su chal de seda prometí que nunca más haría ganchillo con algo tan antipático. Por desgracia y como hiladora novata, Bear tiene apenas un poquito más de elasticidad que aquella seda y es chopocientasmil veces más áspera. Resultado: para cuando llegué a los brazos ya tenía los dedos como garras y ni siquiera había entrado en Mordor todavía.

No quiero hablar de ello. Duele demasiado. No, literalmente, me duelen los dedos al recordarlo. La irregularidad de la lana, mi torpeza a la hora de buscar los puntos y lo pequeñín de los brazos culminaron en unas cuatro horas de juramentos en hebreo y soluciones chapuceras. Para entonces ya me la soplaba de lado todo; pegué un montón de papel pinocho al fondo de la maceta y le acomodé como pude, imaginando que el invento no aguantaría ni una noche antes de tener que buscar una solución más drástica (por alguna razón me daba un montón de penita pegar a Groot permanentemente al tiesto. Yo qué sé, igual quería dar un paseo o ir a la cocina a por un vaso de leche).

Pero cuando me levanté el domingo ahí estaba Groot en su maceta, tranquilamente a pesar de sus brazos deformes. El pobrecín se ha quedado sin hojas porque por pura casualidad su futura dueña y su consorte pasaron brevemente por Cantabria ese mismo día (pero el rato suficiente como para tener que dar un rodeo y traerme hasta Santander cuando Feve me traicionó de mala manera v.v LO SIENTO) y si a ella le ha gustado pues oye, algo habré hecho bien :D

Se nota que tiene parte de mí por la forma en que está permanentemente enseñándole el dedo medio al mundo

Se nota que tiene parte de mí por la forma en que está permanentemente enseñándole el dedo medio al mundo

Mitts for Merida

(psssst, al final encargué Acquaforte y Bastian/Rea. Véis cómo a veces pido consejos y luego incluso voy y los sigo? :D)

Nombre: Mitts for Merida
Patrón: Phoenix Mitts (3 euros)
Lana: Rowan Fine Lace en Patina
Hechos para: MERIDA! la señorita Florchis :D

 

 

 
 

Los Phoenix Mitts fueron uno de los primeros patrones que añadí a favoritos en Ravelry, en aquella época lejana (semana santa del 2012, concretamente) en la que pensaba que yo nunca, jamás de los jamases iba a interesarme tanto en esto de las labores como para pagar por un patrón. Arriesgarme a que a Jaqen le entrase la gonorrea y veinte cepas de virus distintos buscando torrents de revistas, puede. Pagar? Anda ya. Pero nos hacemos viejos y por mucho que Peter Pan diga que todos los adultos son piratas, al final he terminado cayendo en las sibilinas redes de la legalidad para según qué cosas y los Phoenix no son el primer patrón que compro. Tardé en decidirme porque tenía (tengo) entre manos varios chales y una manta, así que utilizaré esa frase tan manida de “yo no quería pero me obligaron” y diré que yo no quería (sólo que sí) pero Flor me obligó (sólo que no, que lo pidió muy educadamente). En realidad la usé vilmente como excusa para justificar el comprar otro patrón cuando tenía por ahí cuatro o cinco WiPs pendientes.

Por mucho que luego me haya enamorado de Rowan, mentiría si dijera que fue amor a primera vista. Fue más como la típica película en la que un vecino pardillo (yo) se enamora de la chica popular del colegio (la mezcla de alpaca y merino en laceweight). Por parte del pardillo sí es amor a primera vista, tan pronto como la ve salir de casa el primer día de clase (la toquiteé en la estantería de la tienda y casi me muero del gusto), pero a ella no le hace ni puta gracia tener que compartir proyecto de ciencias (mitones) y no trae los deberes hechos y le trata a patadas (empecé con un gancho del 2 cuando el patrón pedía un 1,75 y luego me las vi reputas para deshacer lo que llevaba) durante al menos la mitad del curso (las primeras siete vueltas). Entonces un día el pardillo hace algo desinteresado por ella (cortar por lo sano y empezar desde el principio, con más cuidado) y ella se da cuenta de que no es tan malo (no soy tan mala, en serio!). A partir de ahí se hacen amigos (DO ALL THE TREBLE CROCHET) y aunque intentan boicotearles el baile de fin de curso (para qué mentir, el agujero del pulgar y la unión con la palma son un poco cabrones y desquiciantes) al final sale bien y los guantes quedan decentes y todo.

Esto ha estado pasando tal que así estas últimas dos semanas, mientras vosotros seguíais con vuestras vidas.

Y es que Rowan Fine Lace es una gozada de lana para no cometer errores. Entre que no he hecho cosas delicadas con laceweight, que era un ganchillo mucho más fino de lo que estoy acostumbrada y que la alpaca hace que sea super suave y un poco peludilla, cuando llegó el turno de deshacer me quedó muy claro que la próxima vez que meta el gancho y sienta la más mínima resistencia me sale más a cuenta sacarlo y reintentar que seguir adelante como una jabata. Cualquier fibra, por fina e invisible que sea, se va a quedar enganchada con uñas y dientes esperando el momento de arruinaros la vida si tenéis que deshacer. Además una vez deshecha la lana se queda un poquito áspera (también es que yo soy muy burra, vale). No muy áspera, pero más áspera de lo que es recién sacada del ovillo. Pies de plomo con la Rowan, de ahora en adelante, porque tengo toda la intención de volver a utilizarla.

En cuanto al patrón en sí, también tengo toda la intención de volver a utilizarlo, aunque no por el momento. Irónicamente no soy la mayor fan del treble y me pone muy nerviosa cuando los patrones me mandan meter un montón de puntos en un pusilánime punto bajo, que es básicamente el material del que están hechos estos mitones. Veis esos abanicos? En cada uno de ellos me encontraba pensando “ay dios, en este sí que sí me va a quedar un agujero”. Veis ese pulgar? lo mismo pero el triple porque wtf, la unión dejaba boquetes del tamaño de seis pulgares más. Miro a la foto y de hecho veo un agujero (encontrad a Wally!), pero luego pienso “puf, considerando que esperaba al menos 110 (cálculo aproximado) mientras sólo sea uno tampoco me voy a desesperar”. Así que en general estoy muy contenta con el resultado y espero que Miss Flor lo esté también. Calentitos son un rato :D

Also, hay que joderse, el día que necesito fotógrafo JP estaba pasando el fin de semana en Francia. Autorretrato nivel: sacarse una foto de ambas manos a la vez 10 minutos antes de tener que salir para la estación de trenes.

Sí, ya sé que os gusta la taza, panda de frikis.

En el que Adhara tiene ochenta y dos años

Cuando el mes pasado decidí aprender a hacer ganchillo había una cosa que tenía muy clara: La cosa iba a ir de monigotes frikis. No me iba a dedicar al ganchillo abuelil, no señora, una puede ser rarita pero todavía no ha cumplido los treinta.

Fiel a mi costumbre de comerme mis palabras públicamente sin que se derrumbe el universo por ello, ahora mismo tengo entre manos un chal y una mantita de bebé, que son, según el EIGA (Estándar Interdimensional de Ganchillo Abuelil), las cosas más abueliles que puedes hacer a excepción de un tapete para la mesa camilla. Como mis mesas están permanentemente cubiertas de papeles, cuadernos, la cena y un montón de ropa, de momento no creo que me dé por los floripondios, pero por los chales y esas cosas me ha dado fuerte. De hecho, después de hacer varios amigurumis y un par de diademas de flores he descubierto que me gustan los proyectos grandes, o al menos más grandes que una seta del Mario.

Esta seta del Mario concretamente, como quiera que se llame

Yo hago ganchillo en plan intensivo; entre el trabajo y estudiar no me puedo dedicar a ello todo el tiempo que me gustaría (que, ahora mismo y en pleno punto álgido, equivale a decir todo el tiempo que estoy despierta y una parte importante del que paso dormida). Qué pasa entonces? Que cuando decido darme una horita soy como un hamster puesto de speed y voy a toda ostia. Un amigurumi, exceptuando el que le he hecho a mi hermana, que es tamaño chihuahua obeso y no puedo enseñar por si acaso lee el blog, me lleva dos horas. No es suficiente. Necesito ver cómo la cosa va creciendo, lentamente, y cómo me acerco al final, leeentamente. No me gusta llegar al final el mismo día que empiezo porque se me queda un poco sensación de coitus interruptus. Esto obviamente me viene de interiorizar la mierda filosofía esa de que las cosas buenas se hacen esperar, y me cago en mi estampa, con lo bien que me iría contentándome con setas mierdosas de una hora. Supongo que debería haber visto lo inevitable: terminar haciendo mantas, cuanto más grandes mejor. Así que como decía, ahora mismo tengo dos proyectos principales y un par de guantes y otras cosillas a medias:

EL CHAL MALDITO

Visto aquí al comienzo de su hiatus

No es que me guste llamar maldito a algo que voy a regalar a mi abuela pero, lamentablemente, esto es así y ya está. No ha dado más que problemas y a estas alturas si no lo he convertido en una bufanda con manoplas a juego es sólo porque ya es un pulso entre yo y el universo, y a mí cuando me da la vena competitiva no me para nadie. Elegir el patrón ya fue una odisea y cambié de opinión hasta el momento mismo de hacer el primer nudo. En mi defensa (y en la del chal) diré que la foto del patrón oficial sugiere resacas en bares de Tijuana con pomos de puertas de baño pegajosos y daltonismo galopante, no precisamente ganas de regalárselo a nadie a quien aprecies. La lana es 100% merino y da gusto usarla, pero por otro lado la lana es 100% merino y es como tejer con aceite, que yo soy muy pato. El patrón es simple, a la altura de mi capacidad; tres vueltas de punto doble y luego una vuelta de punto venganza del diablo bobble, que da por culo a gusto. Además, como ya sabéis porque no he dejado de dar el cante con ello, primero la tienda me mandó dos ovillos menos de los que tenía que mandarme y luego correos me perdió el resto. El chal se ha tirado incompleto y muerto de risa dos semanas, hasta que se me han hinchado las narices y he encargado los dos ovillos que faltaban a otra tienda. Lo malo es que ahora tengo que volver a acostumbrarme a la lana, además de al peso que lleva ya el condenado, por no hablar de las matemáticas que voy a tener que hacer para ahorrarme los puntos bola of doom. Por si eso fuera poco al ser merino voy a tener que hacer esas cosas de brujería que hace la gente que sabe, echándole agua y estirándola sobre la cama con agujas para que coja la forma que debería tener, en lugar del estilo “buñuelo abigarrado” (nombre científico) que trae de serie.

Abuela, no sé si te pondrás el chal o lo usarás para limpiar los charcos del agua de regar los geranios, pero en cualquier caso más te vale quererme extra después de esto.

LA MANTA DE PIRULETAS DEL PAÍS DEL SORBETE DE FRESA

No puede ser más pastel, la pobre

La tía de JP está embarazada otra vez, que me ha venido que ni pintado porque quería desesperadamente probar el Rainbow Ripple, pero difícilmente podía excusar los chiquicientosmil ovillos que llevaría el hacerme una mantita de bebé con forma de estrella de mi tamaño. Una de las cosas en las que más se nota lo novata que soy, aparte del apartado técnico (mis puntos corridos al final de las vueltas son como para hacer llorar a todas vuestras abuelas), es que mentalmente soy incapaz de ver el potencial de lo que tengo entre manos. Si bien no tengo ningún problema a la hora de ver una foto oficial horrible y considerar si el patrón es insalvable (véase el caso del chal), una vez empiezo algo, si la primera vuelta no cumple mis expectativas ya me hundo en la miseria. Y la primera vuelta nunca cumple las expectativas de nadie, mucho menos las mías, que tienden a ser estratosféricas. Así que con la primera vuelta de la estrella de marras me planteé seriamente dedicarme a otra cosa. Y con la segunda. Y con la tercera. A medida que progresaba me iba sumiendo en un pozoño de desprecio porque mi estrella daba puto asco y las de todo el resto del mundo eran cosas super regulares y super monas y por qué yo no podía tener una estrella super regular y super mona.

La foto es más o menos del momento en que empezó a quedar masomenos regular y masomenos mona. Hasta entonces su vida pendía de un hilo. La cosa con este patrón es que el centro es invariablemente un gurruño terrible, pero a medida que las vueltas se hacen más largas van alisándolo todo. A estas alturas ya voy por otra vuelta de blanco y una franja gorda de morado clarito y ADORO ESTA ESTRELLA, CON TODO LO CURSI QUE ES. Eso sí, mis tías verán esta explosión de colorines tono bebé y seguirán diciéndome que soy una gótica y sólo me gustan las cosas en negro.