dolor, alpaca y otros cuentos


A mi hermana le gustó mucho su Shallows (yay!). A mi madre le gustó mucho el Shallows de mi hermana (doble yay!) y me ha pedido uno. Tenía rodando por casa sin proyecto fijo otra madeja adorable del mismo MerinoCamel (vulgarmente conocido como cameltoe, hola señor Togusa!) de DyeForWool, esta en azul (Shattered Sapphire, si queréis poneros quisquillosos), así que se la he adjudicado. También la quiere con cuentas, y yo, muy en mi línea de métodos fiables y científicos, no tengo ni puñetera idea de cuántas cuentas ha llevado el de mi hermana. Compré dos cajas de cuentas y Dios quiso que me sobrara más de la mitad de ambas, pero hasta ahí hemos llegado.

Eso a mi madre no le vale. Me ha dicho que mire el patrón que usé, cuente las grecas y haga cálculos. Yo he tenido que decirle que seguí el patrón sólo de forma simbólica (es decir, nada en absoluto). No me ha contestado. Ese murmullo lejano que oís? Posiblemente mi madre gritando a los cielos qué ha hecho mal y en qué punto me eché a perder de esta manera. Lo siento, mami v.v

(Es la segunda vez hoy que me veo obligada a pedir perdón a mi madre por ser así de decepcionante via blog, estoy que lo parto).

Por otro lado mi hermana se descolgó poco antes de mi odisea de regreso tren-taxi-bus-avionil con que quería un cowl/cuello/jersey/invento post-apocalíptico extraño como el que lleva JLaw en Catching Fire. A mí me emocionó mucho que por una vez me pidiera algo que no fuera para su coneja, así que encontré un patrón que me hizo tilín, me armé de tres ovillos de Katia Peru en un gris así como super peludo y esponjoso y agujas de 50mil milímetros (12, pero muchos, que yo soy más de laceweight) y me puse a ello. Las dos piezas del pecho y la espalda me las ventilé en menos de dos horas y me las prometía muy felices, en plan “uy, esto lo acabo antes de irme a Frankfurt!”, hasta que llegué al cuello casi inamovible ese que me había llamado la atención en el cine, y al largo tutorial sobre cómo llegar a esas cimas de rigidez lanosa. Una pequeña parte de mí había esperado fervientemente que fuera un truco de almidón y laca, pero como de costumbre el universo se descojonó en mi cara, y ahí me planté mi último día de vacaciones a comprar tres metros de soga y cinta aislante en la ferretería de turno.

Por tres mil pesetas: materiales que nunca te imaginaste que usarías para tejer una chaqueta

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Sobra decir que no lo dejé terminado. Me lo he traido y ando con el segundo aro, que no sólo hay que forrar sino además fijar al primero, y creo que si mis dedos sobreviven al dolor de andar tirando de la soga y clavando el ganchillo y demás cosas cafres podré irme a Alaska a matar osos con las manos desnudas. Si termino este cuello, volveré a mi aldea triunfal y cubierta de sangre (la mía, porque se me habrán quedado los dedos en muñones), abandonada la niñez, y se me considerará un hombre hecho y derecho ò.ó

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