i will go up to the six fingered man and say…

No me gustan los guantes. Más concretamente no me gustan los dedos de los guantes. Me vuelven, si eso es posible (lo es, sorprendentemente), aún más torpe de lo normal porque gato con guantes blablablabla. Por seguir con el refrán ya no es que no pueda cazar ratones, es que cuando llevo guantes los ratones vienen a mordisquear la punta de los dedos y cagarse en mi frustración. A mí me gustan los mitones, y cuando no estaban de moda me compraba guantes mierdáticos y les cortaba los dedos para que mi madre me chillase por ir por ahí como si en casa no me dieran ropa. Ahora que sé hacer punto me hago mis propios mitones like a motherfucking boss (o bueno, hasta donde alcanzan mis posibilidades técnicas) y la vida invernal es un poco más guay. Además me venía muy bien esta preferencia porque no me avergüenza admitir que cuando pensaba en tejer algo tan enano como un puto dedo en redondo con agujas dobles se me escapaba el alma por la boca del agobio.

A JP sin embargo le gustan los guantes y sus dedos endemoniados. Durante los últimos inviernos ha llevado unos del Racing de Santander que le regaló mi señora madre hasta que, literalmente, se le han caido a pedazos. Mi madre le ha mandado dos pares más. Yo intenté hacerle unos el año pasado, pero en el colmo de la inteligencia no me fijé en que las lanas tenían un grosor totalmente distinto (creí que iba a venir un hada por la noche a inflar la más finita, ya véis) y tras mucha frustración los metí en un cajón (figuradamente, no tenemos cajones, lo dejé en un montoncillo de mierda en una esquina) y hasta ahora.

HASTA AHORA, QUE SE ME HINCHARON LOS COJONES Y DECIDÍ PLANTARLE CARA A LOS CINCO DEDOS DEL AVERNO.

Momento triunfal "OMG estoy haciendo dedos!"

Momento triunfal “OMG estoy haciendo dedos!”

Obviamente la cosa no ha sido fácil y tengo ya una lista de 25mil problemas que debería intentar evitar cuando empiece el de la otra mano, pero whatever, ya no os tengo miedo, quinteto de apéndices especializados!

En el próximo capítulo: Adhi aprende a hacer guantes siguiendo proporciones humanas

En el próximo capítulo: Adhi aprende a hacer guantes siguiendo proporciones humanas

no tuve más remedio, señor agente

No voy a decir que no quisiera (que sí que quería) o que me obligaran físicamente a entrar a PayPal y mandar el dinero (que no, porque la gente no hace esas cosas), pero sí que es verdad que a la hora de encargar este huso la cosa ha habido un par de señales y empujones cósmicos, y yo soy muy temerosa del universo y sus deseos. Esa es mi excusa oficial.

La extraoficial es que estaba encaprichadísima de un huso de Wildcraft desde antes de comprarme mi Kromski, pero arrastrada por la razón me limité a suspirar delante de sus hojitas y florecillas un par de veces. Mientras esperaba a que JP fuera a Francia a recoger el Kromski y mis primeras fibras me acordaba a menudo de ese huso tan precioso que había visto por ahí con la hoja de sauce roja en el centro, pero se me había olvidado por completo el nombre de la tienda y cualquier cosa que no fuera un babeo de adolescente enamorada por esos rojos y naranjas tan recontramonos atrapados en resina. Cuando se me cruzó uno por delante en un mercadillo de Ravelry pasaron dos cosas:

1) que la tía que lo estaba vendiendo pasó mil de mi mensaje y ni siquiera tuvo la educación de responder con un “lo siento, ya lo he vendido” (Mal. Señora tontalculo, mal.)
2) que me reencontré con la página que los vendía y ya me quedé con el nombre (Bien. Mal. No sé)

Por suerte o por desgracia no me gustaba ninguno de los husos que tenían en la tienda en ese momento, pero entraba varias veces a la semana a ver si habían subido alguno nuevo. Me volví un poco stalker en los foros de la compañía, y mientras tanto miré otras marcas y decidí que en realidad, visto lo visto, tampoco eran tan caros (a esto se le conoce en círculos profesionales como El Principio Del Fin), sobre todo comparados con esos Golding feos de cojones pintados a mano por los que clavan 200 dólares con gran alegría y desparpajo.

(La dirección de este blog quiere dejar claro que no tiene nada en contra de los Golding con apliques metálicos, sólo contra los pintados. De hecho, en lo que a los apliques metálicos respecta lo tiene todo a favor <3 <3)

Total, que me pudo la impaciencia. "Uno para Navidad", me dije, inocentemente. "Un autorregalo para Navidad". Además el Kromski me estaba dando problemas para hilar tan fino como quiero hilar, y qué menos que tener un huso para lana fina y otro para plegar o lana más gruesa, verdad? (SÍ. VERDAD. A CALLAR). Escribí a la chica que hace los Wildcraft, preguntándole si aceptaba encargos. La idea era que dijera que sí o que no y ahí quedara la cosa hasta Navidad. La cosa fue que dijo que sí, y que qué quería exactamente. Me dio mucho palo responder que sólo estaba preguntando por marear la perdiz así que me explayé en abstracciones varias sobre patrones florales y la conjunción de los astros. A los dos días me mandó 9 fotos de varias opciones que tenía ya esculpidas. Hubo tres que me llamaron la atención especialmente, y debajo de la foto había una lista de las flores que llevaba cada uno. A veces soy un poco mística y pensé “bueno, a ver si alguno tiene algún significado especial”. En mi casa somos a las flores lo que Rajoy a la retórica, así que había pocas posibilidades.

El número seis llevaba perifollo (jijiji perifollo) y jacinto silvestre. Jacinto silvestre, lo que viene siendo bluebells. Os he dicho que la protagonista de ese western que llevo semanas diciendo que voy a retomar se llama Bluebell?

Yo no quería, me obligaron <3

AY QUÉ BONICA