Día 5 de encierro.


Sin cambios; si me acerco a la ventana (o desde la cama también, maravillas de hacer vida en un estudio) puedo ver a los obreros de enfrente continuando las obras de Der Eskorialen, inexorables pero sin avanzar, aparentemente, a no ser que la guardería que están construyendo tenga 25 niveles subterráneos para que se pierdan los críos (OJALÁ) y yo me lo esté perdiendo porque el edificio de la catequesis me tapa la vista. El vecino de arriba continúa las reformas de su habitación del pánico con circuito de carreras para los dos galgos hiperactivos que tiene como hijos. No le quitéis mérito, que su piso es tan grande como el mío y no sé de dónde saca espacio para seguir martilleando y taladrando todos los días. Los antibióticos acorralan a la infección y ahora ya sólo toso como un perro enfermo, en lugar de como uno zombi podrido por dentro tratando de estirparse los pulmones por pura inercia tosil. Sí, señoras y señores, tengo mi segunda (o tercera) infección pulmonar en lo que va de año. Alemania me quiere matar y lo intenta en todos los frentes.

Febrero, Marzo y Abril se están portando mal. Mal. De algunas cosas no puedo hablar y de otras no quiero hablar por aquí, así que me váis a perdonar el cripticismo de attention whore y en su lugar procederé a contaros cosas estúpidas. O cosas bonitas, como que fui a Estrasburgo antes de Semana Santa y me rebocé en amor familiar-político, y después fui a Santander por Semana Santa y me rebocé en amor familiar. Y en lluvia del Norte. Y en crema de calabaza de la que hacen mis tías (O.G.H). Además tengo un momento al año cuando me paso por la carpa de la Porticada donde tienen los pasos de la procesión y le pregunto a mi madre sobre las cosas que hacía mi abuelo cuando era mayordomo de la Virgen de los Dolores, que es así como el paso más enorme y bonito de Santander y está muy ligada a mi familia materna. Por supuesto también hicimos las estaciones, que viene a ser una excursión por los pueblos recónditos que conoce mi padre (mi padre, el GoogleMaps original en lo que a Cantabria se refiere, seriously) en la que además de subir y bajar montañas nos paramos en unas cuantas iglesias a echar unos Ave María.

Así de épicas las gastamos en los cementerios norteños.

Así de épicas las gastamos en los cementerios norteños.

Hacía, además, un año casi justo (no justo del todo porque la Semana Santa y su movilidad es así de chunga) que había empezado a ganchillear, y lo celebré por todo lo alto: llevándome dos proyectos y volviendo con los dos terminados. O mejor dicho no volviendo con ninguno, porque ambos se quedaron allí con sus respectivas dueñas. Del primero no hay fotos ni os puedo enlazar el patrón porque es el regalo de boda para mi tía M y, aunque finalmente no vaya a ponérselo durante la ceremonia, no voy a ir por ahí espoileándolo, pero podéis esperar un post al respecto en algún momento de Junio. O tal vez una foto en Facebook y punto, que una es así de vaga.

El otro era mi segundo Maia. Tengo en la carpeta de borradores de este blog un post sobre el primero que posiblemente se quedará en el limbo eterno ahora que ya ha hecho amigos allí, pero basta decir que fue el chal que me convenció para siempre de las bondades del blocking y de su papel para pasar de “braga engurruñada” a “algo ponible”. No soy muy fan del aspecto del ganchillo (ya, quién lo diría) y por aquel entonces ya estaba empezando a meterme con el punto, pero mi madre insistió en que quería el mismo patrón que el de mi tía N, y lo remató escogiendo uno de mis colores preferidos de Madelinetosh: Silver Fox.

Silver Fox siendo genial a pesar de mis manazas (foto pre-blocking, obviamente)

Lo que me gusta de Maia es que va a toda leche. Técnicamente lo empecé en Enero, pero entre exámenes y el chal de la boda le había dedicado muy poco tiempo. Traía el chal de la boda ya terminado, sin nada más que hacer que bloquearlo, así que podría decirse que he terminado el Maia en un tiempo total de una semana, con dos o tres horas al día, más los dos días que tardó en secarse en la atmósfera submarina de Santander. Lo desclavé del corcho el día que me iba, por la mañana, y mi madre se lo llevó puesto.

En toda su gloria (LOL) post-blocking

Estoy pesada con estas cosas, verdad? Lo exacerba la mierdez de año ya mencionada, qué queréis que os diga. Mientras le doy a la lana y miro Gran Reserva (QUE ALGUIEN PRENDA FUEGO A SARA, POR DIOS) o Desperado (maratón de Robert Rodriguez que nos dimos este fin de semana) no me da mi cerebro primitivo para pensar en otras cosas. También he estado leyendo cosas flojitas y facilonas; me acabé El Padrino en tres días, porque sorprendentemente no me lo había leído y algún día os contaré de qué forma tan poco ortodoxa me he visto las películas, y ahora mismo estoy rastreando literatura juvenil de esa que da vergüenza linkear, así que si tenéis recomendaciones por favor no os cortéis. Pero nada demasiado sesudo. Recordad que soy una infectada y si es muy complicado tendré que comerme mis propios dedos de la frustración.

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4 pensamientos en “Día 5 de encierro.

  1. Hola prisiosa:

    Anda que menuda racha llevas :/

    Voy al lío que estoy en el curro. De literatura juvenil me he leído recientemente la saga compuesta por Graceling, Fuego y Bitterblue y me han gustado sí que te las recomiendo. (Otra cosa es que tenga buen gusto o no jajajajaja).

    :*********************!!

  2. Qué artista. When I was young, mi abuela me contaba que en Alemania (la RFA de entonces, se entiende), antes estaba de moda que los hombres hicieran ganchillo en el autobús (como lo moderno que era el país, venía a ser). Va a ser verdad que el ghostanchillo pulula por ese país.
    Cuídate, que tu vida mola más en colores (distintos al verde zombie)

    • ahora lo han cambiado por el angry birds xD pero sí que se ve más por la calle y en las tiendas de lanas tienen más variedad que los cuatro acrílicos de katia de las tiendas españolas. en mi tranvía hay dos señoras habituales que hacen punto (en agujas diminutas, no sé de dónde las sacan) o ganchillo. lo que sí es verdad es que alemania tiene una obsesión muy seria con los calcetines. gente que no sabe hacer ni bufandas, nada más que calcetines, pero te hacen un par en dos días (eso sí, con unas lanas variegadas HORRIBLES y combinadas a matarse entre sí, porque pobreticos, se dejaron un poco el sentido estético en el Hindenburg)

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