día Tres: estadísticas r srs bsns

Tras dos días consecutivos de PAREDES DE TEXTO, hoy os prometo brevedad.

Día Tres (Miércoles 24 de Abril): Infográficos
Hay muchas formas de presentar la información en un blog, pero texto e imágenes son las más usadas. Muchos gráficos combinan estos elementos para presentar información de forma visual.

Distribución de temas en los foros de Ravelry: Un sesudo estudio basado en datos totalmente inventados y 12 meses de percepción subjetiva y gruñona, por Adhara Phoenix.

Distribución de temas en los foros de Ravelry: Un sesudo estudio basado en datos totalmente inventados y 12 meses de percepción subjetiva y gruñona, por Adhara Phoenix y sus poderosas habilidades para con el paint

(El paint aún existe pero está hiper cambiado, por si os lo estabais preguntando)

día dos: puede que no sea hoy…

Vamos, casi seguro que no va a ser hoy ni mañana (a no ser que alguno de vosotros me deje en el buzón 1700 metros de Madtosh en mis colores preferidos, y entonces ya no tendré más remedio).

Día Dos (Martes 23 de Abril): Un proyecto mascota
Tu misión hoy es crear o buscar un proyecto que represente a tu casa/animal. Puede ser de punto o ganchillo – puede ser el animal mismo o algo que te recuerde a las propiedades de esa casa. También puede ser un color de lana, o un botón. Decidas lo que decidas, escoge un proyecto y postea sobre cómo y por qué lo relacionas con tu casa/animal.

Como decíamos ayer (literalmente! Chúpate esa, Fray Luis!), soy la casa del mono adicto al crack los retos. Actualmente tengo 461 favoritos y 18 proyectos en la cola de mi cuenta de Ravelry; no pongo cosas en la cola así por así, a no ser que esté muy segura de que eventualmente vaya a ponerme a ello. Para mí, la cola es una especie de contrato vinculante y una vez que algo entra tengo que ponerme a pensar en términos tangibles: qué lana voy a usar? Y cuando lo piense más detenidamente y me dé cuenta de que la lana que quiero usar no va a poder ser, qué lana voy a usar de verdad? Qué voy a hacer con ello? Lo querrá alguien, aunque sea regalado? Tendré que pagar para que se lo lleven, como si fuera un colchón con los muelles salidos y manchas misteriosas en forma de corgi?

Aunque estos meses he aprendido muchísimo en cuanto a técnicas y cosas, en general, al leer el enunciado de hoy tuve claro qué proyecto iba a elegir. O mejor dicho qué proyectos, porque mis problemas siguiendo el enunciado de las cosas no se limitan a papeleos burocráticos y bases de concurso. Así que, ejerciendo mi derecho al “Porque me sale de los huevos”, he escogido dos proyectos que me tienen loca de ansias, temor, fascinación y lujuria de la más básica:

Little Birds de Ysolda Teague. Foto de Caroline Bergeron.

Kyllene, de Kirsten M. Jensen. Foto y modificaciones de Jettshin (posiblemente mi tejedora preferida <3).

Aunque son muy distintos en forma, los dos tienen varias técnicas en común que todavía no he probado, además de otros contratiempos a superar de diversa índole (principalmente, que la lana que me gustaría usar para hacerles justicia es un gasto totalmente injustificable porque soy high maintenance que os morís). Cosas que comparten:

Son ropa. Simplemente. Algunos ya sabéis que estoy intentando hacerle un jersey a mi hermana y lo mismo estáis pensando “Pero si ya estás aprendiendo! Y he visto la foto, parece un jersey!”, pero sería como decir que si sé freir un huevo puedo preparar un soufflé de caramelo para 20 críticos de la guía Michelin. Para empezar, mi hermana, ganadora del bote en la lotería genética familiar, tiene lo que Antoñita la Fantástica llamaba “un tipito muy agradecido”. En cristiano: a la muy cerda le va a quedar bien un saco de patatas atado con el alambre de cerrar la bolsa del pan bimbo. Esto es así. Para su jersey hice una prueba de tensión, sí, y me sentí super realizada y super responsable durante cinco minutos, justo antes de pasarme los resultados de la prueba de tensión por el culo y ponerme a improvisar. Con que la pase el cuello por la cabeza no preveo más problemas. Hacerme un jersey para mí… ah, eso es otro soufflé muy distinto. El corte de Little Birds puede ser más permisivo, pero preveo desde ya que Kyllene no va a perdonar una, ya no sólo en cuanto a tensión sino en cuanto a modificaciones. Tetas; a veces te preguntas para qué.

Steeks. Lo que viene siendo cortar y pegar, pero claro, en vez de a una conversación estúpida que quieres recordar más adelante le tienes que meter tijera a unas mangas o una prenda a la que, para entonces, ya has dedicado más horas de tiempo que a la mayoría de miembros de tu familia semi-cercana. De vez en cuando me paso por los tutoriales que Katie Davies tiene al respecto, me tapo los ojucos y retrocedo como si hubiera visto un asesinato. Con lo bonito que es tejerlo todo en redondo sin objetos cortantes, de verdad.

Colorines. Por un lado esto no me preocupa tanto. Fiel a mi alma de mono lanero, de hecho, mi primer proyecto de punto fueron unos mitones a dos colores que me han venido muy bien este invierno. Con dos cojones. Gilipollas pero con dos cojones.

Os juro que no me entró la pájara; existe un segundo, aunque no salga en la foto.

Pero claro está, no es lo mismo colores en unos mitones que colores en una prenda de vestir lo bastante generosa como para cubrir mis generosas proporciones (*cough*EQUIPO FOCA*cough*). Si llevase mi taza de té a una bruja me diría que me ve un futuro lleno de nudos y juramentos en hebreo, y me estaría timando porque eso ya lo puedo ver yo, y sin té.

Modificaciones. Además de las ya mencionadas para acomodar muslo y pechuga en Kyllene, estos dos diseños perfectos podrían ser más perfectos aún, al menos si me los quiero poner yo. En realidad el patrón original de Kyllene, por ejemplo, no lleva capucha. He incluido la foto de Jettshin y no la oficial porque no concibo una falta de capucha en algo que tan claramente es chopocientasmil veces mejor con ella. En el caso de Little Birds, aunque la forma me vuelve loca no puedo decir lo mismo del dibujo. Si van a ser pájaros los quiero más pajarosos. Que se les note la pajaritud. Si no, igual me hago mi propio gráfico. Pero de qué? Grecas? Logos del Assassin’s Creed? Mapaches? Cortes de manga envueltos en flores para disimular? Las posibilidades son infinitas Y YA SABÉIS CÓMO ODIO ESO.

Cosas para pensar. Ahora mismo estoy a años luz de poder siquiera pararme a pensar en los colores que elegiría, pero también creía que no me vería capaz de ponerme con Fabergé hasta llevar al menos un año haciendo punto y ahí está, al 40% ya y sin grandes contratiempos.

Algún día, Kyllene y Pajaretes. Algún día ò.ó

día Uno! de qué, os preguntáis? pues…

Ayer descubrí, gracias a una fotografía genial de ella misma haciendo punto en el metro con una bufanda de la Liga de la Justicia, “A Craft to Geek Them All“. Como el Feedly se me estaba resistiendo (EMPEZAMOS BIEN, FEEDLY) lo he añadido al feed a manita desde Firefox y, cual fue mi sorpresa, su autora acababa de postear. O igual no. Igual posteó esta noche mientras yo soñaba con manchas movedizas en paredes de gotelé, pero el caso es que no lo he visto hasta que la he añadido al reader (NO TE VAYAS, READER). Y debe haber sido el destino, porque precisamente hoy empieza algo llamado “Knitting and Crochet Blog Week 2013” de lo que yo no tenía ni repajolera idea. Asumo que vosotros tampoco, o que si la teníais me lo estabais ocultando, y la verdad es que no os culpo.

Supongo que sabiendo lo que me gustan estas cosas en las que otra gente me dice lo que tengo que hacer con mi vida ya os podéis imaginar por dónde va esto, no? Es mi solemne intención seguir esa Semana de Blogueo Lanero (es mi traducción y me la follo cuando quiero) este año, para aportar mi granito de arena a ese desierto monstruoso de las cosas que no os interesan un carajo :D La verdad es que lo verdaderamente genial sería no estar tan sola en este desierto tan monstruoso y tan falto de palmeras y piscinas, así que dediquemos unos segundos yo a poner cara de cachorrito y vosotros a imaginarme poniendo cara de cachorrito. No? No os apuntáis conmigo? En serio? *cachorritismo*

En teoría, y si no hago una adharada (adharada: dícese de empezar algo con muchas ganas para dejarlo a medias y no volver a hablar de ello más que para lloriquear), a TPN le esperan siete entradas como siete soles a lo largo de estos siete días. Los temas vienen ya dados en esa entrada que os he linkeado, así que sin más vamos al bollo:

Día Uno (Lunes 22 de Abril): El torneo de las casas.
Un poco como en Harry Potter, pero no del todo, la Semana de Blogueo Lanero de este año se divide en cuatro casas. Ponte tu gorro de lana preferido y deja que te guíe a la hora de elegir.

Me gustaría decir que pertenezco a la casa de la abeja, pero supongo que no tardaría en recibir una demanda del sindicato de abejas obreras por infamias y calumnias porque, por mucho que revolotee (y dios mío si revoloteo) de proyecto en proyecto no tengo la desfachatez de colgarme el título de “trabajadora e industriosa”. Y la casa de la morsa (manatí?) incluye el adjetivo “relajado” y JAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAJAJAmedesorinomientrasmetiemblanlasmanosdelestrés. Tampoco soy detallista. Estaba claro, pues:

La Casa del Mono: Inteligentes y amantes de la diversión, a los Monos les gusta elegir proyectos fijándose en la novedad y en los retos que puedan presentarles.

La Casa del Mono: Inteligente y con un lado divertido, a los Monos les gusta elegir proyectos fijándose en los nuevos retos que puedan presentar.

Corramos un estúpido velo sobre lo de la inteligencia, que es bastante subjetivo, y lo de amante de la diversión, que bueno, más bien es un amor platónico no correspondido. En realidad lo que me ha hecho decidirme ha sido eso de los retos. Lo hablaba hace tiempo con un compañero/sensei que hace punto y que me chilla mucho cuando ve mis salvajadas. Aquel día en concreto, uno o dos meses después de empezar a hacer ganchillo, le conté emocionada que había encargado una madeja de Madtosh Lace, y él me preguntó si estaba completamente tarada. Le dije que sí y que lo que yo quería era que cada proyecto nuevo fuera no un poco sino considerablemente más complicado que el anterior, ya fuera por largo, por tamaño de lana o ganchillo/agujas, por número de agujas… lo que sea, pero más complicado. Los proyectos que más me gustan y que más ganas tengo de empezar son siempre ese favorito “un poco demasiado difícil” que añadí el día anterior, o el chal que me prometí no empezar hasta que no llevase un año haciendo punto (hola, Fabergé de mis amores <3). Mi masoquismo sale a relucir: sí, no me importa hacer otro Maia o tres mil vueltas de punto de arroz, pero el proyecto al que le voy a tener ganas es ese que me va a hacer llorar y tirar las agujas al otro lado de la habitación, bonus points si he visto a alguien quejarse en los foros de que llevan dos años haciendo punto y esa técnica no les sale.

Soy una zorra competitiva y me gusta sufrir, combinación maldita. Y por eso, señoras, señores y entes, soy un mono bananero con una misión bloguera. Tirirí.

Día 5 de encierro.

Sin cambios; si me acerco a la ventana (o desde la cama también, maravillas de hacer vida en un estudio) puedo ver a los obreros de enfrente continuando las obras de Der Eskorialen, inexorables pero sin avanzar, aparentemente, a no ser que la guardería que están construyendo tenga 25 niveles subterráneos para que se pierdan los críos (OJALÁ) y yo me lo esté perdiendo porque el edificio de la catequesis me tapa la vista. El vecino de arriba continúa las reformas de su habitación del pánico con circuito de carreras para los dos galgos hiperactivos que tiene como hijos. No le quitéis mérito, que su piso es tan grande como el mío y no sé de dónde saca espacio para seguir martilleando y taladrando todos los días. Los antibióticos acorralan a la infección y ahora ya sólo toso como un perro enfermo, en lugar de como uno zombi podrido por dentro tratando de estirparse los pulmones por pura inercia tosil. Sí, señoras y señores, tengo mi segunda (o tercera) infección pulmonar en lo que va de año. Alemania me quiere matar y lo intenta en todos los frentes.

Febrero, Marzo y Abril se están portando mal. Mal. De algunas cosas no puedo hablar y de otras no quiero hablar por aquí, así que me váis a perdonar el cripticismo de attention whore y en su lugar procederé a contaros cosas estúpidas. O cosas bonitas, como que fui a Estrasburgo antes de Semana Santa y me rebocé en amor familiar-político, y después fui a Santander por Semana Santa y me rebocé en amor familiar. Y en lluvia del Norte. Y en crema de calabaza de la que hacen mis tías (O.G.H). Además tengo un momento al año cuando me paso por la carpa de la Porticada donde tienen los pasos de la procesión y le pregunto a mi madre sobre las cosas que hacía mi abuelo cuando era mayordomo de la Virgen de los Dolores, que es así como el paso más enorme y bonito de Santander y está muy ligada a mi familia materna. Por supuesto también hicimos las estaciones, que viene a ser una excursión por los pueblos recónditos que conoce mi padre (mi padre, el GoogleMaps original en lo que a Cantabria se refiere, seriously) en la que además de subir y bajar montañas nos paramos en unas cuantas iglesias a echar unos Ave María.

Así de épicas las gastamos en los cementerios norteños.

Así de épicas las gastamos en los cementerios norteños.

Hacía, además, un año casi justo (no justo del todo porque la Semana Santa y su movilidad es así de chunga) que había empezado a ganchillear, y lo celebré por todo lo alto: llevándome dos proyectos y volviendo con los dos terminados. O mejor dicho no volviendo con ninguno, porque ambos se quedaron allí con sus respectivas dueñas. Del primero no hay fotos ni os puedo enlazar el patrón porque es el regalo de boda para mi tía M y, aunque finalmente no vaya a ponérselo durante la ceremonia, no voy a ir por ahí espoileándolo, pero podéis esperar un post al respecto en algún momento de Junio. O tal vez una foto en Facebook y punto, que una es así de vaga.

El otro era mi segundo Maia. Tengo en la carpeta de borradores de este blog un post sobre el primero que posiblemente se quedará en el limbo eterno ahora que ya ha hecho amigos allí, pero basta decir que fue el chal que me convenció para siempre de las bondades del blocking y de su papel para pasar de “braga engurruñada” a “algo ponible”. No soy muy fan del aspecto del ganchillo (ya, quién lo diría) y por aquel entonces ya estaba empezando a meterme con el punto, pero mi madre insistió en que quería el mismo patrón que el de mi tía N, y lo remató escogiendo uno de mis colores preferidos de Madelinetosh: Silver Fox.

Silver Fox siendo genial a pesar de mis manazas (foto pre-blocking, obviamente)

Lo que me gusta de Maia es que va a toda leche. Técnicamente lo empecé en Enero, pero entre exámenes y el chal de la boda le había dedicado muy poco tiempo. Traía el chal de la boda ya terminado, sin nada más que hacer que bloquearlo, así que podría decirse que he terminado el Maia en un tiempo total de una semana, con dos o tres horas al día, más los dos días que tardó en secarse en la atmósfera submarina de Santander. Lo desclavé del corcho el día que me iba, por la mañana, y mi madre se lo llevó puesto.

En toda su gloria (LOL) post-blocking

Estoy pesada con estas cosas, verdad? Lo exacerba la mierdez de año ya mencionada, qué queréis que os diga. Mientras le doy a la lana y miro Gran Reserva (QUE ALGUIEN PRENDA FUEGO A SARA, POR DIOS) o Desperado (maratón de Robert Rodriguez que nos dimos este fin de semana) no me da mi cerebro primitivo para pensar en otras cosas. También he estado leyendo cosas flojitas y facilonas; me acabé El Padrino en tres días, porque sorprendentemente no me lo había leído y algún día os contaré de qué forma tan poco ortodoxa me he visto las películas, y ahora mismo estoy rastreando literatura juvenil de esa que da vergüenza linkear, así que si tenéis recomendaciones por favor no os cortéis. Pero nada demasiado sesudo. Recordad que soy una infectada y si es muy complicado tendré que comerme mis propios dedos de la frustración.