En el que Adhara tiene ochenta y dos años


Cuando el mes pasado decidí aprender a hacer ganchillo había una cosa que tenía muy clara: La cosa iba a ir de monigotes frikis. No me iba a dedicar al ganchillo abuelil, no señora, una puede ser rarita pero todavía no ha cumplido los treinta.

Fiel a mi costumbre de comerme mis palabras públicamente sin que se derrumbe el universo por ello, ahora mismo tengo entre manos un chal y una mantita de bebé, que son, según el EIGA (Estándar Interdimensional de Ganchillo Abuelil), las cosas más abueliles que puedes hacer a excepción de un tapete para la mesa camilla. Como mis mesas están permanentemente cubiertas de papeles, cuadernos, la cena y un montón de ropa, de momento no creo que me dé por los floripondios, pero por los chales y esas cosas me ha dado fuerte. De hecho, después de hacer varios amigurumis y un par de diademas de flores he descubierto que me gustan los proyectos grandes, o al menos más grandes que una seta del Mario.

Esta seta del Mario concretamente, como quiera que se llame

Yo hago ganchillo en plan intensivo; entre el trabajo y estudiar no me puedo dedicar a ello todo el tiempo que me gustaría (que, ahora mismo y en pleno punto álgido, equivale a decir todo el tiempo que estoy despierta y una parte importante del que paso dormida). Qué pasa entonces? Que cuando decido darme una horita soy como un hamster puesto de speed y voy a toda ostia. Un amigurumi, exceptuando el que le he hecho a mi hermana, que es tamaño chihuahua obeso y no puedo enseñar por si acaso lee el blog, me lleva dos horas. No es suficiente. Necesito ver cómo la cosa va creciendo, lentamente, y cómo me acerco al final, leeentamente. No me gusta llegar al final el mismo día que empiezo porque se me queda un poco sensación de coitus interruptus. Esto obviamente me viene de interiorizar la mierda filosofía esa de que las cosas buenas se hacen esperar, y me cago en mi estampa, con lo bien que me iría contentándome con setas mierdosas de una hora. Supongo que debería haber visto lo inevitable: terminar haciendo mantas, cuanto más grandes mejor. Así que como decía, ahora mismo tengo dos proyectos principales y un par de guantes y otras cosillas a medias:

EL CHAL MALDITO

Visto aquí al comienzo de su hiatus

No es que me guste llamar maldito a algo que voy a regalar a mi abuela pero, lamentablemente, esto es así y ya está. No ha dado más que problemas y a estas alturas si no lo he convertido en una bufanda con manoplas a juego es sólo porque ya es un pulso entre yo y el universo, y a mí cuando me da la vena competitiva no me para nadie. Elegir el patrón ya fue una odisea y cambié de opinión hasta el momento mismo de hacer el primer nudo. En mi defensa (y en la del chal) diré que la foto del patrón oficial sugiere resacas en bares de Tijuana con pomos de puertas de baño pegajosos y daltonismo galopante, no precisamente ganas de regalárselo a nadie a quien aprecies. La lana es 100% merino y da gusto usarla, pero por otro lado la lana es 100% merino y es como tejer con aceite, que yo soy muy pato. El patrón es simple, a la altura de mi capacidad; tres vueltas de punto doble y luego una vuelta de punto venganza del diablo bobble, que da por culo a gusto. Además, como ya sabéis porque no he dejado de dar el cante con ello, primero la tienda me mandó dos ovillos menos de los que tenía que mandarme y luego correos me perdió el resto. El chal se ha tirado incompleto y muerto de risa dos semanas, hasta que se me han hinchado las narices y he encargado los dos ovillos que faltaban a otra tienda. Lo malo es que ahora tengo que volver a acostumbrarme a la lana, además de al peso que lleva ya el condenado, por no hablar de las matemáticas que voy a tener que hacer para ahorrarme los puntos bola of doom. Por si eso fuera poco al ser merino voy a tener que hacer esas cosas de brujería que hace la gente que sabe, echándole agua y estirándola sobre la cama con agujas para que coja la forma que debería tener, en lugar del estilo “buñuelo abigarrado” (nombre científico) que trae de serie.

Abuela, no sé si te pondrás el chal o lo usarás para limpiar los charcos del agua de regar los geranios, pero en cualquier caso más te vale quererme extra después de esto.

LA MANTA DE PIRULETAS DEL PAÍS DEL SORBETE DE FRESA

No puede ser más pastel, la pobre

La tía de JP está embarazada otra vez, que me ha venido que ni pintado porque quería desesperadamente probar el Rainbow Ripple, pero difícilmente podía excusar los chiquicientosmil ovillos que llevaría el hacerme una mantita de bebé con forma de estrella de mi tamaño. Una de las cosas en las que más se nota lo novata que soy, aparte del apartado técnico (mis puntos corridos al final de las vueltas son como para hacer llorar a todas vuestras abuelas), es que mentalmente soy incapaz de ver el potencial de lo que tengo entre manos. Si bien no tengo ningún problema a la hora de ver una foto oficial horrible y considerar si el patrón es insalvable (véase el caso del chal), una vez empiezo algo, si la primera vuelta no cumple mis expectativas ya me hundo en la miseria. Y la primera vuelta nunca cumple las expectativas de nadie, mucho menos las mías, que tienden a ser estratosféricas. Así que con la primera vuelta de la estrella de marras me planteé seriamente dedicarme a otra cosa. Y con la segunda. Y con la tercera. A medida que progresaba me iba sumiendo en un pozoño de desprecio porque mi estrella daba puto asco y las de todo el resto del mundo eran cosas super regulares y super monas y por qué yo no podía tener una estrella super regular y super mona.

La foto es más o menos del momento en que empezó a quedar masomenos regular y masomenos mona. Hasta entonces su vida pendía de un hilo. La cosa con este patrón es que el centro es invariablemente un gurruño terrible, pero a medida que las vueltas se hacen más largas van alisándolo todo. A estas alturas ya voy por otra vuelta de blanco y una franja gorda de morado clarito y ADORO ESTA ESTRELLA, CON TODO LO CURSI QUE ES. Eso sí, mis tías verán esta explosión de colorines tono bebé y seguirán diciéndome que soy una gótica y sólo me gustan las cosas en negro.

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3 pensamientos en “En el que Adhara tiene ochenta y dos años

  1. Es curioso, precisamente lo satisfactorio para mi es terminarlo en tres o cuatro horas repartidas en dos días. XD
    Te pasaré el sackboy que dependiendo de lo q se resista la lana lleva de 8 a 10 horas (a mi al menos cuando voy con calma. Mi record está en 5h30 xD).
    Te están quedando geniales y si es lo q te gusta, ¡da igual el abuelismo! La etiqueta te la pones tú ;)

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