Man walks down the street in a hat like that, you know he’s not afraid of anything.


Tanto mi señora madre como mi señor padre son gente poco torpe y bastante habilidosa con las manos a la hora de hacer manualidades (la una), bricolajosidades variadas (el otro) y en general cosas que llevan un poco de maña. Se les da bien y ya está, no sé si viene de familia o andaban por ahí durante una tormenta de rayos manitas o qué.

No es hereditario. Yo soy lo más pato que hay y encontraré formas ridículas, muy ridículas, de romper las cosas o hacerme daño a mí misma, como la vez que me corté con una barra del pan o bañé las consolas del trabajo en el café repugnante de la máquina cuando lo único que quería era mover la silla un poco para la derecha. De arte llego poco surtida desde la línea de salida. Y además tengo nula paciencia para aprender a hacer las cosas. Mi modus operandi es:

– Interesarse por algo (digamos encaje de bolillos)
– Investigar (qué es el encaje de bolillos? quién lo practica? Y más importante: cuál es la página más completa de Internet al respecto? Me puedo hacer cuenta?)
– Emocionarse por las vastas posibilidades (Tapetillos a bolillo! Capas de Batman! Fundas para gafas! Cadenas de nieve para las ruedas del coche! El mundo es mío!)
– Recabar materiales (en mi defensa puedo decir que ahora soy mucho menos cafre de lo que solía ser llegados a este paso, y sólo me compro lo más básico y barato. Porque después de 29 años parece que por fin me conozco y sé lo que sigue)
– Empezar (emoción)
– No conseguir hacer a la primera ese conjunto de braga y liguero en auténtico bolillo de Potorroflandes con doble tirabuzón y extra de queso (sorpresón) o conseguir hacerlo a la primera pero no queda como en la foto (furia no-contenida)
– Frustrarme enormemente (y puede que lloriquear)
– Ponerme un capítulo de algo y olvidarme de los bolillos, esos amantes crueles (hasta la próxima ventolera)

Y ahí estaba yo, esta semana santa, debatiéndome entre las ganas locas que tenía de ponerme a hacer algo así medio artístico con las manos (porque la maña no la he heredado, pero las ganas sí, por joder) y el saber que no es lo mío. Además, qué hacer? Me ponía a pensar en mis ataques de furia con las agujas de hacer punto y sus putos nudos y los tres años que me llevó hacerle una bufanda a Ventrue y lo que quería era cortarme los dedos. Me ponía a pensar en el año largo que me llevó hacerle a mi tía Nena media docena de conejitos en un cuadro de punto de cruz de 10x20cm y me daba la pájara. Además, aunque luego me gustase y le diera más caña, casi que peor porque dónde coño iba yo a colgar todos esos retratos a punto de cruz de dos por dos metros? Veía mis dos cajones escasos llenos de servilletas con maripositas, y ni siquiera me gustan las maripositas.

Entonces me acordé del Sackboy más adorable que nada que me hizo la maravillosa Gin el año pasado, y me empezó a picar el gusanillo. Lo de hacer monigotes tiene mucha salida: yo los hago y me quito la histeria de querer hacer algoloquesea, pero luego siempre hay un crío (o un amigo friki) a quien encasquetárselo! En el peor de los casos lo puedo dejar cual ninja urbana en un parque 10 minutos antes de la salida de la guardería! Problema resuelto!

owlguin Y así me planté, hace semana y media, en la tienda de lanas local para que la señora me diera la lana más acrílica y baraturcia que tuviera y un ganchillo (del tamaño equivocado, por cierto, señora), bajo la mirada emocionada de mi madre. Ahora bien, no sé si la emoción venía de verme comprando material para las labores propias de mi condición de hija de persona con arte, o si lo que la hacía ilusión era que por una vez para cuando llegase a la fase 6 (frustración/ira no-contenida) ya estaría de vuelta en Frankfurt, a 2mil kilómetros de distancia, y ella no tendría que aguantarme.

Y aquí estoy ahora mismo. Para mi sorpresa, no he llegado al momento de frustración inaguantable y estoy llevando muy bien que me salgan las cosas con ese tufo a principiante que no se quita ni con filtros del photoshop. Hay un chico en el trabajo que hace punto con un desparpajo que sólo esperas de gente que no ha hecho nada más en su vida o de androides muy especializados, y le hizo una gracia enorme cuando se lo comenté que ya hubiera encontrado, por mi cuenta y riesgo (sobre todo riesgo) la panacea internetera para todas estas cosas. En general ando emocionada añadiéndolo todo a favoritos y empezando proyectos sólo por probar cómo hacer algo, aunque luego a la hora de añadirle ojos y similares tenga que dejarlo porque no tengo ni ojos ni similares. Así anda mi primer proyecto “serio” (*insertar descojono*): un búho para mi madre que, por no tener, no tiene ni pinta de buho porque pegué los ojos demasiado separados, ignoré vilmente el tamaño recomendado de lana y ganchillo, me comí más puntos que un zombi suelto en un post-operatorio de Camilo Sesto y terminó con unas alas de condor que ya quisieran algunos Boeing. Pero eh, eh, SÉ CAMBIAR DE COLOR. Eso tiene que contar para algo :D

el pinguino en cuestión

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3 pensamientos en “Man walks down the street in a hat like that, you know he’s not afraid of anything.

  1. ¡Que sepas que ese primer proyecto te ha salido estupendísimo!
    Lo peor es conseguir que los pequeños detalles queden bien (para mi al menos) porque tienes vueltas y vueltas para practicar cuerpo, patas, alas… pero llegan los ojos que son dos milisegundos y ¡ah! ahi ya… jajaja Aún no he conseguido bordar ninguno redondo y que no haga que el conjunto parezca un zurullo… xDD
    Además, ¡yo aprendí a cambiar de color hace un mes porque no me había hecho falta nunca! :D Jajajaja, así que estás hecha una artistaza. IIIIIIHHHH Compi de fatigaaaaasssss.
    Y lo mejor de esto es que en un “tris tras” tienes un resultado que adorar o aborrecer, no como con los bolillos o el punto de cruz ;D

    Una cosa: yo paso siempre de las instrucciones sobre medidas de lana y demás porque bastantes tengo como para cumplir con cada cosa que empiezo. Hago con mi lana y con mi agujita de la bolsa de manualidades lo que me mandan pero que quede al tamaño que toque y no me ha dado ningún problema, así que tranquila si no lo cumples ;D

    IIIIIIHHHHHH!!!!!! ¡Qué bonitosss te van a quedar! :D

    :***********!!!!

    • sí, lo de preocuparme por la lana lo voy a dejar para más adelante xD de momento he estado experimentando con usar distintos ganchillos dependiendo de como quiera que quede de apretadito, o para solucionar diferencias de grosor, como en el champiñón de mario. la lana blanca de la base era mucho más fina que la de la cabeza y me veía con un cabezón desproporcionado, así que cambié de ganchillo un par de veces según iba viendo, me salté alguna que otra vuelta y al final queda de proporciones como tiene que quedar :D

  2. Pingback: En el que Adhara tiene ochenta y dos años « The Polaroid News

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